Técnicas de escritura creativa. La composición de la escena

Técnicas de escritura creativa. La composición de la escena

Cuando afrontamos la escritura de un relato o el capítulo de una novela, muchas veces nos dejamos llevar. En nuestra mente circulan personajes que actúan, dialogan, se emocionan, recuerdan… Nosotros acostumbramos a explicar al lector lo que sucede en nuestra mente y nuestros personajes… se enojan. No nos damos cuenta, pero nos recriminan: ¿Por qué le explicas lo que hago? ¿Acaso no está mirando? Déjalo que vea…

Cuando vamos al teatro, nadie nos cuenta qué hacen los personajes en el escenario. Nos acomodamos en nuestra butaca a contemplar lo que ocurre en escena. Como autor, ese es tu papel. Colocar a tus lectores ante el escenario y explicarles lo que acontece solo cuando sea necesario para que comprendan qué está ocurriendo. Si no lo es, hazte a un lado y permítele disfrutar de lo que sucede ante sus ojos.

Es fácil decirlo, ¿verdad? Lo cierto es que no es tan difícil; hay que trabajar con intención. Algo de teoría y un ejemplo ayudan bastante. Voy a construir una escena. Lo haré paso a paso para que comprendas cómo voy trabajando.

 

Antes de escribir, una sesión de sofá y café

 

Antes de comenzar a escribir, he pensado bien lo que te voy a contar. No es trampa, es un ejercicio necesario para que el proceso de composición se realize con la debida intención. Esta es la idea que me ha venido a la mente:

 

Una mujer joven está a punto de representar su primera obra teatral. Entre bambalinas, comtempla a su hija pequeña y a su pareja: ambos permanecen sentados entre el público.

 

Esta es la situación de partida. En el sofá y con mi café, esta escena se ha desarrollado decenas de veces en mi mente. La he contemplado, como espectadora, desde las butacas de la última fila, desde la primera… Me he situado junto a la niña y su padrastro para contemplar la escena desde su punto de vista, intentando ponerme en su  piel, escuchando su conversación, mirando en sus mochilas, atrapando sus olores, anotando lo que cuentan sus miradas

 

Después, me he subido al escenario. He sido testigo mudo de lo que ocurre tras los cortinajes. De los miedos que comparten los actores. Me he acercado a los personajes, he penetrado en su mente y me he apoderado de sus pensamientos. Soy, por esta vez, omnisciente…

 

Mi mente ha volado junto a la protagonista, que ha descubierto a su familia entre el público. Acerco y alejo el foco para mostrar al lector lo que sucede desde planos distintos.

 

También he ubicado la escena en distintos ambientes. He visto un teatro clásico: mucho oro y mucho rojo. Una gran araña ilumina imponente la sala. También he situado a mis personajes en un escenario sencillo, en un auditorio de casal de barrio, madera de roble, sobriedad, minimalismo y mucho arte. Me he decidido por el oropel porque la protagonista me lo estaba pidiendo a gritos. Ponto entenderás por qué.

 

Miro de nuevo y veo mucho ambientillo, muchas ganas e ilusión mal reprimida entre los actores; entre el público, también. Conversaciones, risas, cacahuetes… «¿Quieres una galleta?» «No, que ya empieza…» Los susurros y los trajes de estar por casa han pasado por mi mente, pero el ambiente festivo ha ganado la partida.

 

Ante la hoja en blanco… ¡acción!

 

Empiezo a escribir. Tengo en mente los componentes esenciales de la escena para combinarlos de forma efectiva: acción, pausa, sumario y elipsis.

 

 Acción

La acción sitúa a los personajes en un tiempo y espacio específicos. El autor escenifica ante el lector lo que sucede aquí y ahora, en el presente del relato. Como narradora, me hago a un lado y muestro a los personajes mientras actúan. Permito al lector que escuche sus conversaciones y le muestro lo que sucede:

 

Sobre el escenario, dos mujeres jóvenes coinciden minutos antes de la representación. Podrían ser Maria Antonieta o Madame Pompadour conversando en los salones de un gran palacio barroco. Elena se acerca a Pilar. No le dice nada. No sabe qué decirle, así que, simplemente, la abraza. Pilar se deja querer, se acurruca en los brazos de su mejor amiga sin hablar.

  ―!Au! Pilar se queja. Se le ha enganchado un pendiente en el vestido. Diamantes que heredó de su madre.

  Aqui está. No te preocupes, lo tengo. Póntelo. ¿Te ayudo?

Pilar duda un momento. Se quita el otro pendiente y los deja caer en las manos de su amiga.

   ―No me hagas esto…

Pilar agarra las manos de Elena entre las suyas, las besa y las cierra. Los diamantes queman la piel de las dos.

   Te quiero mucho. Mucho. Gracias por todo. Gracias…

   Elena no puede responder. Emocionada, corre al vestuario.

 

Como ves, he situado al lector ante la escena. Intento atrapar su atención creando tensión entre los dos personajes. Centrándome en ellos. Quiero que, para empezar, el lector reciba la impresión de que se trata de un momento relevante en sus vidas. No hay adornos, solo una realidad cruda que se intuye. Ahora, voy a introducir en la escena un nuevo componente: la pausa.

 

 Pausa

Tras un momento tenso, he decidido introducir una pausa. En la pausa, el narrador aprovecha para proporcionar datos que permitan al lector instalarse en el relato. Puede ser información sobre espacios y ambientes, descripciones… Es un recurso que posibilita la creación de atmósfera, configura el espacio psicológico, aporta densidad al relato, envuelve a los personajes y permite situar al lector en un tiempo específico.

 

La información que se presenta ante el lector no explica ni muestra ni aporta datos que permitan comprender lo que sucede. No impulsa la narración hacia delante. La detiene. Veamos cómo vamos configurando nuestra escena con esta nueva información.

 

       Faltan quince minutos. Alguien comenta que llueve, que llueve a mares.  Marzo ha llegado húmedo y frío. El Gran Teatre del Liceu se viste de fiesta. De lujo. Hace calor. A pesar de que es lunes y de que son las cuatro, los espectadores visten de domingo. Todos están allí, todos lo que importan. Incluso la tía Pepita. Y mira que nunca se han llevado bien. Mucha mierda…

       Tras los cortinajes, se escuchan risas y mucho alboroto; la orquesta, bajo el escenario, deja caer algunos compases de su versión favorita del Invierno de Vivaldi. La primera violinista la interpretará para ella después de la representación. Solo para ella. No se puede pedir más.

 

Vale, ya tienes los datos que necesitas para situarte. Te he proporcionado un espacio y un tiempo específicos, cierta ambientación y una situación de partida que, espero, despierte tu interés, que genera incertidumbre y cierto grado de intriga. ¿He captado tu atención? Espero que sí. Sigamos.

 

Ahora voy a incorporar un nuevo componente a la escena. El sumario. El sumario es el espacio del recuerdo, de los viajes al pasado (o al futuro), es el espacio que el narrador emplea para presentar información que impulse la narración hacia delante. Es el momento de compartir con el lector algún dato que le permita comprender lo que sucede en el escenario.

 

Importante. Cuando recurras a la pausa o al sumario, no permanezcas demasiado tiempo alejado del presente de la narración. Cuando hayas dejado caer ese dato relevante, ese que resulta imprescindible para entender lo que sucede, regresa a la escena y vuelve a mostrar a los personajes en acción. Vamos al sumario.

 

Sumario

La representación estaba prevista para el viernes por la noche, pero Pilar había sabido que debía someterse a una intervención urgente y habían decidido adelantarla. Todavía no se lo había dicho a nadie, solo Elena sabía que no pensaba operarse. No tenía sentido prolongar lo que estaba por venir. Estaba preparada para irse. Su familia, su marido tendrían que aceptarlo…

 

Ahora comprendemos la razón del abrazo emocionado de ambas amigas, la importancia del regalo realizado. El grado de intensidad del momento compartido. La lluvia, el frío contribuyen a crear una atmosfera que evoca melancolía.

 

Ha llegado el momento de regresar a la acción en escena. Recupero la situación inicial y sigo mostrando al lector lo que sucede…  Avanzo un poco más, siempre hacia delante:

 

Dos minutos después, Elena aparece de nuevo en el escenario, ya más tranquila. Pilar separa los cortinajes sin percatarse de la presencia de su amiga. En la segunda fila, su hija Julia charla con Juan. Se la ve animada, inquieta. Qué sucios lleva los zapatos. Los dos rebuscan algo en la mochila de la niña. «Vale, te has acordado del Petit Suisse. De fresa, como a ella le gusta. Y va bien abrigada.  Las coletas, perfectas.

 

»Nadie diría que hace dos años que la conoces. Te la has ganado a golpe  de cuentos improvisados, de pupas curadas con mimo, de tardes eternas en el parque y de abrazos. Compañero, te la has metido en el bolsillo. Se nota que te quiere. Cuando viajas a Madrid no hace más que preguntar cuándo vas a volver. Se nota que la quieres. El cariño que pones cuando le limpias los mocos, cuando le preparas el cola-cao, cuando la riñes porque no hay manera de que ordene el cuarto, cuando te preocupas por sus deberes, cuando compartes las palomitas y rebuscas en la mochila como ahora… Estoy en paz; me siento feliz porque sé que estaréis bien».

 

Hemos terminado. Comenzamos situando a dos amigas emocionadas a punto de interpretar una función, la primera y la última para la protagonista de la historia (acción). El día frío, lluvioso, contribuye a crear una atmósfera melancólica (pausa). Hemos sabido que la representación se ha adelantado porque el personaje principal se somete a una intervención importante. También hemos sabido que la operación no se realizará: Pilar ha tomado una decisión crucial (sumario) De nuevo en escena, la protagonista contempla, entre bambalinas, a Juan, su pareja y a su hija. Observándolos, comprende que se aman y que el amor los ayudará a superar la pérdida (acción).

 

Este sería el momento de poner punto final a nuestra escena. Para proporcionar sensación de continuidad, concluiré el relato recurriendo a la elipsis. La elipsis nos permite viajar al futuro para mostrar qué ocurrió con la vida de los personajes que hemos acompañado durante unos momentos. Podemos avanzar diez minutos o diez años, así, de un plumazo. A veces, resultará conveniente que señalemos el espacio transcurrido dejando una separación entre párrafos. En otras ocasiones, no resultará necesario. En este caso, recurrimos a la elipsis para construir el inicio de una nueva escena que enlazaría con el texto anterior, proporcionando al relato un sentido completo.

Elipsis

 

No deja de llover. En casa se está bien, no hace frío. Julia abre la ventana de la habitación del matrimonio. Solo un dedito. Sabe que a su madre le relaja el sonido de la lluvia repiqueteando en los cristales. La incipiente penumbra le recuerda que la noche está al caer. El invierno de Vivaldi y el olor a chocolate irrumpen con fuerza desde el piso de abajo.

       La nena se acerca a su madre, que permanece semiinconsciente tumbada en la cama. Es consciente de que el telón está a punto de caer. Le sube la colcha, mullida, hasta la barbilla y la besa en la frente. Juan entra en la habitación. Julia no ve las ojeras, los hombros caídos, las manchas de café en el jersey.

   ―Papa, ¿está bien? ―Susurra.

  ―Sí, está bien, mi amor. ¿No ves cómo sonríe?

 

Y así concluyen dos escenas de una novela que jamás escribiré. Como ves, combinando acción, pausa, sumario y elipsis conseguimos una escena que tiene, en sí misma, su propio inicio, su nudo y su desenlace. Puedes variar el orden de los componentes como prefieras y combinarlos según tus necesidades.

 

Ahora te toca a ti. Me gustaría que construyeras una visión alternativa a esta que propongo, a partir de la escena inicial y los mismos personajes. ¿Te atreves? ¡Claro que sí! Si tienes dudas, pregunta. ¡No te cortes! Esperamos tus comentarios.

Las noches en las que el cielo era de color naranja, Cristina Prada

Las noches en las que el cielo era de color naranja, Cristina Prada

Reseña de la novela Las noches en las que el cielo era de color naranja de Cristina Prada

 

Título: Las noches en las que el cielo era de color naranja

Autor: Cristina Prada

Editorial: Esencia

Número de páginas: 400 páginas

Año de publicación: Octubre, 2016

 

“No valió coraza ni tampoco los trece años que llevaba perdido. La vi y algo cambió. Yo cambié. Mi mundo quedó patas arriba desde la primera vez que oí su voz”

Cristina Prada

Sophie y Sarah son amigas desde la infancia, viven juntas en un piso de Manhattan y llevan una vida feliz. Con veintiséis años, Sophie trabaja como camarera en una cafetería para poder pagar sus gastos y el alquiler. Sueña con participar como ponente en unas jornadas sobre autores noveles en la Universidad de Columbia y con ver publicada su primera novela romántica.

Una mañana, de camino a Bryant Park, conoce a Reese Montolivo: el chico del millón de dólares, el hombre más impertinente y prepotente que se haya visto jamás, pero también el más sexi…

Las cosas no salen como Sophie esperaba. Finalmente, ni participará en la ponencia ni le publicarán su primera novela. Al verla desanimada, Sarah le propone un viaje a Kosovo. Allí vivirán grandes historias y encontrará la inspiración que necesita para escribir su nuevo libro.

En el aeropuerto de Kosovo les espera una sorpresa. El mismísimo Reese Montolivo aparece para recogerlas. Malhumorado e impertinente, se diría que la sola presencia de las chicas le incomoda.

Pasan los días. La relación entre Reese y Sophie evoluciona junto a los personajes secundarios que desempeñan un importante papel en el desarrollo de la trama: Sarah, Owen, Milo y Matt. Todos ellos comparten historias que se entrecruzan atrapando la atención del lector desde el inicio hasta el desenlace.

Reese encarna el prototipo de hombre atractivo y dominante. Duro a la par que protector. Las circunstancias de la vida le hacen ser rudo en el sexo y parco en palabras. Le cuesta expresar sus sentimientos, pero puede ser tierno y temeroso ante la pérdida. Se trata de un joven en cuyo corazón anidan sentimientos que conviven en franca contradicción.

Cristina Prada ha creado un relato humano y visible. Sus acertadas descripciones nos acercan a la ciudad de Manhattan. No faltan en el texto humor, ternura y calidez. De forma acertada, la autora recrea el romance con la historia de Milo y las vidas de las mujeres que conviven en el centro de acogida como telón de fondo.  Cristina consigue que te instales en la narración y que disfrutes de su novela desde el inicio hasta el desenlace. Las lectoras amantes del género disfrutarán de Las noches en las que el cielo era de color naranja. Cristina ha vuelto a conseguirlo. Tras la lectura, nos hemos quedado con ganas de más.

Sobre el trasfondo

«Aquí siempre hemos vivido juntos: católicos, ortodoxos, musulmanes. Los problemas llegaron cuando lo hicieron los fanáticos y el mayor hijo de puta de todos se hizo con el poder.

Su voz está llena de rabia y, sobre todo, de un cristalino dolor. Él tenía una vida aquí, antes de 1991, antes de que las bombas tiñeran los cielos de color naranja, y ahora no tiene más que pedazos que sólo le sirven para recordar todo lo que ha perdido.»

«Lo último que necesitan aquí es ver a otra mujer llorando –me dice otra vez con toda esa rabia ensordecedora, con todo ese dolor-. No necesitan tu lástima, necesitan tu consuelo y, sobre todo, tu respeto, y, créeme, son tres cosas muy diferentes. Así que deja de llorar y recomponte. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Me sorbo los mocos, aprieto los dientes y asiento.

Se acabaron las lágrimas, Silver. […]»

«Los serbios mataron a mi mujer y a mi hija, y los odio por eso –confiesa con la mirada clavada en la ventana, con todas las emociones vibrando en su voz, sintiendo un cristalino dolor a cada palabra que pronuncia-. Tenía tanta rabia dentro que entré en el Ejército de Liberación de Kosovo y me odio a mí mismo por eso. Matamos a inocentes con la excusa de que estábamos liberando a nuestro pueblo. –Su arrepentimiento es duro, cortante, sordo-. En la guerra no hay culpables, tampoco vencedores. Sólo dolor, y con eso, al final no gana nadie. […]»

«¡Han matado a una familia entera!

De pronto todo parece quedarse en el más absoluto silencio. Reese está triste, dolido, furioso, decepcionado.

―Había dos críos, joder –continúa casi desesperado, pasándose las manos por el pelo-. Los paramilitares serbios los sacaron de su casa y los mataron delante de una patrulla de reconocimiento de Cascos Azules que no pudo hacer nada por evitarlo por no estar autorizada –sentencia con un odio y una rabia atronadores.

―Reese, siento que hayas tenido que verlo y lo siento por esa familia. ¿Crees que no me gustaría poder hacer algo?

―¡Pues hacedlo, joder!»

En fragmentos como estos, Cristina nos acerca a la brutalidad de la guerra de los Balcanes. Lo hace a través de la mirada de los personajes protagonistas. De forma sutil, nos acerca a los horrores de este conflicto armado. Menos mal que, entre tanto horror, la autora encuentra un lugar en el que cabe un final feliz.

¡Gracias, Cristina!

Recomendación

He disfrutado con la novela, así que os la recomiendo. Durante la lectura, he conocido diferentes lugares, he reído con Sarah y con Sophie, me he emocionado con la historia de Milo… Me ha molestado lo borde que Reese es con Sophie, pero, así es el personaje, así hay que aceptarlo porque en el universo de ficción generado, Reese vive. Y que viva y nos cause determinadas impresiones es mérito indiscutible de la autora.

Me queda pendiente: escuchar la lista de temas musicales que han envuelto algunas de las escenas de la novela. Tras la lectura, tengo claro el motivo por el que Cristina es considerada como una de las autoras más importantes del género.

La autora

Cristina Prada tiene treinta y dos años y vive en San Fernando, una pequeña localidad costera de Cádiz. Casada y con un hijo, siempre ha sentido una especial predilección por la novela romántica. En la trilogía «Todas las canciones de amor» convergen tres de sus grandes pasiones: la escritura, la literatura romántica y la música. La serie Manhattan Sexy la ha consagrado como una de las autoras más importantes del género.

MANHATTAN SEXY LOVE (spoiler)

«Llamo a la puerta impaciente. Colin no tarda en abrirme. Al verme completamente empapada, su expresión cambia en décimas de segundo y otra vez tengo la sensación de que todo su cuerpo se pone en guardia.
—¿Estás bien? —pregunta con la voz endurecida, pero, sobre todo, cargada de urgencia.
Yo frunzo el ceño. ¡Claro que no lo estoy! Y no entiendo por qué lo pregunta. ¿A él qué le importa? Ya dejó bastante claro cuánto significo para él.
—Dime si estás bien —me ordena un poco más acelerado, un poco más inquieto.
—¿Y a ti qué te importa?
—¡Contéstame!
—¡No lo estoy!
Los dos sonamos desesperados y al borde de un límite lleno de demasiado dolor. Nos miramos en silencio, desafiándonos, y yo empiezo a dudar de que la distancia que ha marcado entre los dos sea lo que realmente quiere.
Colin me agarra brusco de la muñeca y tira de mí. Mis tacones repiquetean contra al parqué frente al silencio de sus pies descalzos. Me obliga a entrar en su piso y cierra a mi espalda.
—Hoy tenía una reunión. Tenía un plan para salvar Cunningham Media y a Henry; todo lo que tenía que hacer era traicionarte y no he sido capaz. He dejado que todo por lo que he luchado se vaya al diablo por ti y tú ni siquiera soportas tenerme cerca —sentencio con rabia.
Y no entiendo por qué no puedo dejar de quererte, por qué no puedo olvidarme de ti.
La mirada de Colin se transforma y por un momento no soy capaz de leer en ella. Si le duele, no me importa. Si está furioso, no me importa, porque yo lo estoy mucho más. ¡Henry va a perderlo todo!
—Al final he acabado convirtiéndome en la tonta enamorada y tú te has cansado de mí —añado con todo lo que siento inundado mi voz.
—Yo no me he cansado de ti —sisea.
—Claro que sí, porque tú eres así —replico con desdén—Lo más triste de todo —mi voz se entrecorta. Siento tanta rabia dentro, tanta impotencia—, lo que más me enfada, es que pensaba que lo que teníamos era diferente.
Una lágrima cae por mi mejilla, pero me la seco rápidamente. No quiero que me vea llorar. Eso también se acabó.
—Era diferente —replica manteniéndome la mirada, haciendo énfasis en cada letra.
—No —musito.
—Joder, claro que sí —ruge.
—Y, entonces, ¿por qué todo ha tenido que acabar así? —pregunto dolida, exasperada.
—¡Porque tú lo quisiste! —grita sintiendo lo mismo.
—¡Yo nunca te pedí que me echaras de tu vida! ¡Ni que te comportaras como un auténtico cabrón conmigo! ¿Por qué no has dejado que al menos fuésemos amigos?
—¡Porque no me vale con eso!
Sus palabras nos silencian a ambos porque dicen mucho más. A mí tampoco me vale con eso, pero la alternativa duele demasiado.
—Colin —murmuro sin saber cómo continuar.
—Quiero volverte completamente loca —me interrumpe dando un paso hacia mí, quedándose muy cerca—. Quiero que sólo puedas pensar en mí, en esto, en lo que solo yo puedo darte. Quiero que no puedas trabajar, dormir. Quiero que, cada vez que puedas coger aire y respirar, sea un gemido y me pertenezca a mí. Y, si tú no quieres lo mismo, sal de aquí, porque no voy a darte nada.»

 

Cristina Prada

Cristina Prada

Querida Cristina:

 

Como editora en Historias donde Vivo, quiero agradecerte de antemano el tiempo que vas a dedicar a contestar a las preguntas que te formulamos. La mayor parte del público que visita nuestra página web y nuestro blog son personas interesadas en la escritura creativa, así que agradecerán cualquier comentario, sugerencia o consejo que les puedas proporcionar. Si lo deseas, puedes incluir en la entrevista cualquier otra información que consideres interesante para ellos.

¿Cuál de tus protagonistas femeninas te ha resultado más difícil de concebir? ¿Cómo fuiste construyendo su identidad?

A la hora de crear un personaje, creo que hay dos cosas fundamentales a las que enfrentarse. Por un lado, cómo es ese personaje, qué hace, qué le gusta, definir su personalidad. En ese sentido la más difícil fue Lara, de Manhattan Exciting Love, porque tenía la sensación de que estaba quedando desdibujada. Con ella fue con quien me di cuenta de la importancia de hablar de los gustos y aficiones de un personaje para hacerlo conectar con los lectores.

Por otro lado, tenemos el como se enfrenta ese personaje a lo que le sucede a lo largo del libro y, respecto a eso, la más difícil ha sido Lillie, la protagonista de una nueva novela que verá la luz en mayo de este año, porque las cosas que le suceden chocan de frente con su personalidad y había que tener mucho cuidado para que todo casase y sus reacciones fueran justas y comprensibles. Fue como transformarse en equilibrista e ir caminando sobre un alambre.

¿Tus personajes masculinos se basan en algún arquetipo o prototipo?

Siempre digo que escribo lo que me gustaría leer, esa es mi máxima, y creo que donde más se refleja ese principio es en mis protagonistas masculinos. Soy una firme defensora de que en la novela romántica los verdaderos protagonistas son los personajes masculinos mientras que los personajes femeninos son el instrumento, los ojos a través del cuales el lector ve la historia, la vive y la entiende. Esto no desvirtúa en absoluto a los personajes femeninos ni los minimiza, más bien todo lo contrario porque al definir a las chicas es como si estuviesen definiendo una extensión del corazón del lector.

Como Beatrice Pinto, una de las lectoras más sabias que conozco, me dijo una vez, los protagonistas masculinos tienen que tener mucha fuerza porque son ellos los que van a mover a los demás, al menos al principio, los que van a marcar el detonante. No habría Cincuenta Sombras de Grey si Christian Grey no tuviera ese halo de fuerza, atractivo y hechizo que hace que Anastasia desoiga su sentido común y decida dar el paso con él y sólo con él.

Los protagonistas tienen que ser hombres únicos, con una gran dosis de arrogancia y mucho atractivo, inteligentes, protectores y, sobre todo, plenamente conscientes de como son, de como consiguen todo lo que quieren. No hay nada más atrayente para una mujer en un hombre que la seguridad, por lo menos para mí jajaja. Es mi prototipo de base. Después añades otras características y le sumas la motivación, que los hacer ser así, y puedes obtener una infinidad de personajes diferentes.

Este prototipo es tan antiguo como la propia literatura y creo que por ese motivo siempre va a funcionar. Es el príncipe de cuento con un lado oscuro y plenamente consciente de lo que quiere y que lo quiere ya.

Las protagonistas femeninas de tus novelas comparten algún rasgo? ¿Tienen alguna característica común?

Creo que todas son inteligentes, dulces y, aunque apuesto a que hay muchas personas que dirían lo contrario, valientes. Siempre he pensado que no solo se es valiente por no dar nunca tu brazo a torcer o llevar todo el día un cuchillo entre los dientes. También se es valiente cuando, pase lo que pase, decides enfrentarte a todo y a todos por el amor de tu vida, a pesar de lo complicado que las circunstancias o el mismo te lo estén poniendo. Sería más fácil rendirse y olvidarse de ese chico, pero ellas siguen luchando.

¿Cinco adjetivos que te definan. ¿Qué hay de ti en tus personajes femeninos?

¿Cinco? Qué difícil, jajaja. Diría tímida, positiva, con un sentido del humor peculiar, tolerante y con muy buen gusto para los guapos de las pelis y la tele jajaja.

Supongo que en lo que más me parezco a mis protagonistas es el punto patoso. No lo puedo evitar.

Desde tu punto de vista, qué ingredientes no deben faltar en una buena novela erótica?

El primero, sin lugar a dudas, el amor. Una historia de esas que te impida despegar la mirada de las páginas. También tiene que haber muchísima química entre los personajes. Sea cual sea el estado por el que estén atravesando en es momento del libro, conociéndose, odiándose, queriéndose, tienen que saltar chispas. Y, por último, pero no menos importante, un gran protagonista. Tiene que hacerte suspirar a cada página y soñar despierta con él mientras estás trabajando viendo la tele o fregando los platos jajaja.

¿Crees que influyen los tabús en la escritura de relatos eróticos? En algún momento has sentido vergüenza o apuro al describir la actividad sexual de forma más o menos explícita? ¿Permites que tus personajes se expresen con libertad o los censuras de vez en cuando?

Creo que los tabús es algo debemos dejar atrás. Nunca he sentido vergüenza. Pienso que el sexo es algo liberador ya sea escrito, leído, comentado o practicado, y no es algo a lo que deberíamos estar dispuestos renunciar solo porque otras personas lo vean censurable. Si el sexo es consensuado, legal y no hace daño a nadie siempre puede disfrutarse y eso es aplicable tanto a la vida real como a los libros.

No creo que censurar a los personajes sea una buena idea. E.L. James dijo que, cuando no sabía como seguir una historia, dejaba hablar a los personajes y yo es algo que siempre procuro hacer. Creas un personaje, le das unas características y, en función de ellas, actuará de una manera u otra, así que escucharlo nunca va a ser un error.

¿Cómo definirías el perfil de tu público objetivo? Sexo, edad, nivel cultural, nivel de estudios…

Pues diría que fundamentalmente mujeres, aunque en eventos y redes sociales he tenido oportunidad de conocer a lectores y fans de la novela romántica del género masculino. Y respecto a los demás creo que no hay unas características especiales. Una lectora de romántico erótica puede tener desde 18 años a 102, 103, 104, no hay una edad a partir de la cual abandone los libros si es lo que le gusta. Puede ser ama de casa, ejecutiva, farmacéutica, desempleada u oficinista y con un nivel cultural o de estudios bajo, medio o alto.

La literatura romántica, sobre todo la romántica erótica, tiene que aguantar muchos estigmas como que es porno para amas de casas. Desde mi opinión, creo que son comentarios que sean como sean, a pesar de lo que parezca, nos hacen ganar. Si somos porno para amas de casa, ¿cuál es el problema? Se divierten, enriquecen sus vidas y disfrutan gracias a los libros, olé por ellas, y para los que somos más que eso, aún mejor. Los libros te hacen viajar y crecer como persona y lo mejor que tienen, es que da igual la persona que seas, ese emocionante viaje siempre va a estar esperándote.

¿Por qué hay tantas mujeres adictas a la novela romántica? ¿Buscan, las mujeres, identificarse con los personajes femeninos y encontrar el prototipo masculino con el que sueñan?

Te contesto como lectora empedernida: me gusta la novela romántica porque disfruto con ella. Me gusta meterme entre sus páginas y encontrar una historia que me mueva el corazoncito. En cuanto a identificarse con los personajes femeninos y soñar con los masculinos, hay un poco de sí y un poco no. Claro que te identificas con ellas y suspiras por ellos, ¿si no qué gracia tendría? Jajaja Pero no creo que lo hagamos solo buscando ese efecto. Todo es más sencillo. Se trata simplemente de leer y disfrutar.

¿Cómo definirías tu aportación al género?

No creo que todavía haya aportado nada al género. Solo soy alguien que trabaja en lo que le gusta e intenta hacerlo con el máximo cariño, respecto e ilusión posibles.

¿Qué les dirías a aquellos que desprestigian la novela romántica  como género literario en que no abunda la calidad?

Diría que no creo que hayan leído nunca nada de este género. Son comentaros que se dejan llevar por otros comentarios que a menudo se dan porque consideran que, al hablar de amor o sexo, automáticamente deben bajarnos de la categoría de novela digna. Esto está relacionado con lo que hablábamos antes. Hay personas que consideran la novela romántico erótica porque para ellos el sexo es un tabú, gran error. Lo más ridículo de todo es que no se dan cuenta que en cualquier obra, y no solo hablo de libros véase en películas o series de televisión, el amor (y el sexo) es el motor de la trama.

Del mismo modo en el género romántico erótico, como en cualquier otro género, hay libros buenos y libros malos, libros increíbles y libros que no lo son, y por supuesto hay grandísimos autores. Lola P. Nieva, por ejemplo, desde mi punto de vista, es una de las mejores autoras de este género y en general. Si sus libros saliesen con el sello Planeta, en lugar de con el sello Esencia (editorial del grupo Planeta dedicada a la novela romántica), sería leída por muchísimas más personas que ahora mismo no lo hacen por estar incluida en la romántica. ¿Y no es eso muy triste? Se están perdiendo algo extraordinario solo por sus propios perjuicios.

¿Hay alguna escena, de tantas como habrás escrito, que consideres particularmente intensa, sensual, bien lograda? Nos das tu permiso para reproducir algunos párrafos junto a esta entrevista?

Por supuesto que tenéis mis permisos.

Como te decía, siempre escribo lo que me gustaría leer así que siempre acabo enamorada jajaja. Si tuviera que elegir, creo que me quedo con tres. Por un lado, la escena en la que Ryan por fin le dice a Maddie que la quiere en Todas las canciones de amor que aún suenan en la radio. Él es un personaje muy hermético, al que le cuesta mucho trabajo expresar lo que siente pero al que esos sentimientos arrasan por dentro como un huracán. Poner en sus labios esas palabras fue muy bonito y la manera en la que lo hizo, lleno de rabia, enfadado, como si hubiese luchado hasta el final, me conquistó.

La segunda es de Manhattan Crazy Love. Donovan se presenta en casa de Katie. Ella no quiere abrirle y él comienza a hablarle a través de la puerta. Estos personajes sufren cuando solo quieren quererse y lo que Donovan le dice a través de la puerta de ese apartamento del Lower East Side es precisamente eso, que, a pesar de todo lo que ha pasado, nunca podrá querer a otra chica que no sea ella.

Y por último, me quedo con una escena de Las noches en las que el cielo era de color naranja. Creo que este libro es muy diferente por muchos motivos. Indiana Tirado, en su reseña de su blog Descubriendo a Olivia, dijo que Reese era mi protagonista más humano y creo que tiene razón. La escena en la que se despide de Sophie y la obliga a subir al helicóptero alejándola de él para protegerla siempre me mueve el corazón. Pero de él me quedo, sobre todo, con la carta que le escribe a Sophie en el New York Times como despedida y, al mismo tiempo, para que ella nunca dude de que es el amor de la vida de Reese. Creo que esa carta es de las cosas más especiales que he escrito.

¿Tienes un proyecto en marcha? Háblanos de tu próximo libro.

Como te comentaba, en mayo saldrá un nuevo trabajo. Aún no puedo dar muchos detalles, pero estoy muy contenta con como ha quedado y, como siempre, estoy deseando que llegue a las manos de las lectoras para poder comentarlo y saber que les ha parecido.

Vamos a realizar una reseña de una de tus novelas. ¿Te interesa que hablemos de alguna en particular?

Estaré contentísima y muy emocionada de que habléis de cualquier de ellas. Os lo agradezco mucho.

Imagina que tienes un aspirante a novelista mirándote a los ojos. Quiere estar en tu lugar, quiere ver publicada su obra. ¿Qué le dirías? ¿Qué consejo le darías, teniendo en cuenta el panorama editorial actual?

Le diría que lo más importante es no perder nunca la ilusión. Es un camino largo, pero está lleno de cosas maravillosas. También es muy importante que no se cierre puertas obsesionando, por ejemplo, con publicar en papel, porque, aunque ese sea su meta, se encontrará con otras cosas excepcionales e igualmente preciosas que le enriquecerán como persona y escritor. Hablo de la autopublicación, de la publicación en formato digital. Solo tiene que sonreír, cerrar los ojos y saltar al vacío.

 

Muchísimas gracias por tu colaboración. Ha sido un placer contar contigo. 

Luisa Penín

 Editora y directora editorial en Historias donde vivo

 

 

MANHATTAN SEXY LOVE (spoiler)

 

Llamo a la puerta impaciente. Colin no tarda en abrirme. Al verme completamente empapada, su expresión cambia en décimas de segundo y otra vez tengo la sensación de que todo su cuerpo se pone en guardia.

—¿Estás bien? —pregunta con la voz endurecida, pero, sobre todo, cargada de urgencia.

Yo frunzo el ceño. ¡Claro que no lo estoy! Y no entiendo por qué lo pregunta. ¿A él qué le importa? Ya dejó bastante claro cuánto significo para él.

—Dime si estás bien —me ordena un poco más acelerado, un poco más inquieto.

—¿Y a ti qué te importa?

—¡Contéstame!

—¡No lo estoy!

Los dos sonamos desesperados y al borde de un límite lleno de demasiado dolor. Nos miramos en silencio, desafiándonos, y yo empiezo a dudar de que la distancia que ha marcado entre los dos sea lo que realmente quiere.

Colin me agarra brusco de la muñeca y tira de mí. Mis tacones repiquetean contra al parqué frente al silencio de sus pies descalzos. Me obliga a entrar en su piso y cierra a mi espalda.

—Hoy tenía una reunión. Tenía un plan para salvar Cunningham Media y a Henry; todo lo que tenía que hacer era traicionarte y no he sido capaz. He dejado que todo por lo que he luchado se vaya al diablo por ti y tú ni siquiera soportas tenerme cerca —sentencio con rabia.

Y no entiendo por qué no puedo dejar de quererte, por qué no puedo olvidarme de ti.

La mirada de Colin se transforma y por un momento no soy capaz de leer en ella. Si le duele, no me importa. Si está furioso, no me importa, porque yo lo estoy mucho más. ¡Henry va a perderlo todo!

—Al final he acabado convirtiéndome en la tonta enamorada y tú te has cansado de mí —añado con todo lo que siento inundado mi voz.

—Yo no me he cansado de ti —sisea.

—Claro que sí, porque tú eres así —replico con desdén—Lo más triste de todo —mi voz se entrecorta. Siento tanta rabia dentro, tanta impotencia—, lo que más me enfada, es que pensaba que lo que teníamos era diferente.

Una lágrima cae por mi mejilla, pero me la seco rápidamente. No quiero que me vea llorar. Eso también se acabó.

—Era diferente —replica manteniéndome la mirada, haciendo énfasis en cada letra.

—No —musito.

—Joder, claro que sí —ruge.

—Y, entonces, ¿por qué todo ha tenido que acabar así? —pregunto dolida, exasperada.

—¡Porque tú lo quisiste! —grita sintiendo lo mismo.

—¡Yo nunca te pedí que me echaras de tu vida! ¡Ni que te comportaras como un auténtico cabrón conmigo! ¿Por qué no has dejado que al menos fuésemos amigos?

—¡Porque no me vale con eso!

Sus palabras nos silencian a ambos porque dicen mucho más. A mí tampoco me vale con eso, pero la alternativa duele demasiado.

—Colin —murmuro sin saber cómo continuar.

—Quiero volverte completamente loca —me interrumpe dando un paso hacia mí, quedándose muy cerca—. Quiero que sólo puedas pensar en mí, en esto, en lo que solo yo puedo darte. Quiero que no puedas trabajar, dormir. Quiero que, cada vez que puedas coger aire y respirar, sea un gemido y me pertenezca a mí. Y, si tú no quieres lo mismo, sal de aquí, porque no voy a darte nada.

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El uso de la coma ante la conjunción “porque”

El uso de la coma ante la conjunción “porque”

Lo siento, pero no me aclaro…

Lecciones de ortografía

 

Muchos escritores sienten pasión por contar historias, pero no necesariamente han realizado estudios de lingüística o filología. Muchos de ellos escriben bien, pero sienten que existen normas ortográficas que no aciertan a comprender. A pesar de la gran cantidad de información que existe en Internet, no encuentran explicaciones claras que les permitan resolver sus dudas. Los manuales de ortografía les resultan complejos y tediosos…

 

Este espacio está concebido especialmente para ellos, para ti, si este es tu caso. Intentaré explicarte de forma sencilla y comprensible algunas cuestiones ortográficas que plantean dudas eternas.

 

Si el lenguaje utilizado no reúne la precisión conceptual que debiera, pido disculpas de antemano a los especialistas. Soy consciente de que algo de rigor se quedará en el camino, en mi esfuerzo por transmitir el mensaje de forma asequible a personas no especialistas en la materia.

 

Y tú, ya sabes. Si la duda te corroe…

Entra en nuestra casa.

 

Lecciones de ortografía

Uso de la coma

 

Colocar coma antes de la conjunción causal porque

 

  • La conjunción causal porque introduce oraciones subordinadas causales.
  • Las oraciones subordinadas causales expresan la causa o motivo de que ocurra lo enunciado en la oración principal.

 

Vamos a ver en qué casos colocamos coma en este tipo de oraciones. Veamos un ejemplo: Marcos mira por la ventana y dice:

 

Nieva porque el campo se ve blanco.

 

La causa real de que el el campo se vea blanco es que, efectivamente, nieva. La respuesta a la pregunta ¿por qué el campo se ve blanco? expresa la causa real del enunciado: El suelo está blanco porque está nevando. Marcos ha salido de casa y ha comprobado que, efectivamente, está nevando. Y que, por este motivo, el campo se ve blanco.

 

Cuando la oración subordinada expresa la causa o el motivo real de lo que ocurre en la oración principal, no colocaremos coma antes de la conjunción

 

Veamos otro caso:

 

Marcos mira por la ventana y dice:

 

Nieva, porque el campo se ve blanco.

 

En este caso, Marcos no está seguro de que realmente nieve, pero ha visto el campo blanco y ha deducido que se ve así a causa de la nieve. Lo que Marcos está diciendo en realidad es:

 

Nieva, (digo esto) porque el campo se ve blanco.

 

En este caso, la respuesta al enunciado porque el campo se ve blanco obedecería a la pregunta: ¿Por qué digo que nieva?

 

<i>Cuando la oración subordinada <strong>no</strong> expresa la <strong>causa</strong> o el motivo <strong>real</strong> de lo que ocurre en la oración principal,<strong> colocaremos coma antes de la conjunción</strong>.</i>

 

A este tipo de oraciones las llamamos causales de la enunciación.

 

¿Qué ocurre con el resto de construcciones causales?

 

En el resto de construcciones causales no colocaremos coma antes de la conjunción, pero ¿es tan sencillo como parece? Veamos algunos ejemplos:

 

María no asistirá la reunión porque está de vacaciones.

Vendió la tienda porque, sola, no podía ocuparse de ella.

Guardó el libro en el bolso porque llovía.

No se lo conté porque no era importante.

Jorge se preparó una infusión porque le dolía el estómago.

 

Vamos a ver cómo aplicamos la norma en estos casos. Analicemos la primera oración:

 

María no asistirá la reunión porque está de vacaciones.

 

Si nos preguntamos ¿por qué María no puede asistir a la reunión? Respondemos, sin problema, porque está de vacaciones. En este caso, el motivo por el que María no asistirá a la reunión es que está de vacaciones. Pero ¿qué ocurre si colocamos una coma?

 

María no asistirá a la reunión, porque está de vacaciones.

Esto equivale a decir:

María no asistirá a la reunión, (digo esto) porque está de vacaciones.

 

En este caso, al colocar la coma estamos diciendo que el hablante ha deducido que las vacaciones son el motivo por el que María no asistirá a la reunión, pero que no tiene la certeza de que esta sea la causa real de su ausencia. Es algo enrevesado, el argumento, pero podría suceder…

 

Veamos otro caso:

 

Jorge se preparó una infusión porque le dolía el estómago.

 

Si nos preguntamos ¿por qué se preparó Jorge una infusión?, respondemos porque le dolía el estómago. En este caso, el motivo por el que Jorge se preparó una infusión fue el dolor de estómago. ¿Qué ocurre, en este caso, si colocamos una coma?

 

Jorge se preparó una infusión, porque le dolía el estómago.

Esto equivale a decir:

Jorge se preparó una infusión, (digo esto) porque le dolía el estómago.

 

En este caso, el hablante deduce que el motivo por el que Jorge se preparó la infusión fue su dolor de estómago, pero no tiene la certeza

 

Si tienes dudas no te agobies, es difícil tomar decisiones sobre ejemplos que presentan información fuera de contexto.

 

El contexto nos dará la clave

 

Imagínate la siguiente situación:

 

Jorge no conseguía concentrarse en la lectura. Había abusado de la ensalada de pimientos aunque su madre le había advertido que resultaba indigesta. Jorge se preparó una infusión porque le dolía el estómago. Necesitaba terminar el informe, así que buscó en la alacena alguno de los remedios caseros de su madre y dio con la manzanilla. Esperaba encontrar algún tipo de alivio.

 

Fíjate bien. Ahora disponemos de información suficiente como para asegurar que Jorge se preparó la infusión porque le dolía el estómago y no por otro motivo. El dolor de estómago es, en este contexto, la causa real de que Jorge se preparase la infusión. Colocar una coma no tendría sentido…

¿Lo ves claro?

Un poco de práctica…

 

Coge un libro cualquiera, escoge una página al azar. Detente en el primer porque que encuentres. Piensa en los motivos que han llevado al autor a colocar o evitar el uso de la coma.

 

¿Has encontrado alguno que te plantee alguna duda? ¿Quieres compartirlo con nosotros? No te cortes, puedes hacerlo aquí mismo.

¡Gracias por tus comentarios!

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Ellos, Noe Casado

Ellos, Noe Casado

Reseña de la novela Ellos de Noe Casado

 

Título: Ellos
Autor: Noe Casado
Editorial: Zafiro,2017
Número de páginas: Variable, en formato ebook
Cuatro hombres, cuatro historias distintas…

Imanol es un chico de ciudad, que, a causa de una mala experiencia amorosa, (su novia y su mejor amigo mantienen una relación) regresa a su pueblo natal para desempeñar el cargo de alcalde.

Donantien, a pesar de su prometedor futuro como artista, se ve obligado a impartir clases en la Academia de Bellas Artes de París, cosa que odia, para poder subsistir.

Marc, comercial, es infiel a su esposa. No siente remordimiento alguno; todavía ignora que su comportamiento no tardará en pasarle factura…

William, un joven adinerado, decide vivir una temporada alejado de su familia antes de recibir su herencia.

Narrada en primera persona, Ellos muestra las vivencias experimentadas por los distintos personajes, que se presentan ante el lector con sus defectos y sus virtudes, como sucede en la vida misma.

Los relatos que protagonizan son independientes entre sí, hecho que proporciona dinamismo a la obra en su conjunto y contribuye a mantener al lector atento. Los personajes femeninos generan una gran empatía. Son mujeres fuertes y seguras de sí mismas: este es uno de los motivos por los que las novelas de Noe Casado resultan tan atractivas para el público femenino.
Recomendación

Si os gusta la novela erótica, disfrutaréis de la lectura. Noe Casado envuelve a sus personajes en una atmósfera que te atrapa sin remedio. Llama a las cosas por su nombre vistiendo el erotismo con las palabras adecuadas.
La autora

Noe Casado nació y vive en Burgos. Se aficionó a la lectura cuando acabó sus estudios en el instituto y dejaron de obligarla a leer. El advenimiento de Internet, que le brindó la posibilidad de compartir con otros su pasión por la escritura, propició el inicio de su fructífera y exitosa carrera literaria.

Su primera novela, Divorcio, vio la luz en junio del 2011. La segunda, No me mires así, se editó en formato digital en marzo del 2012, año en el que también publicó Treinta noches con Olivia. Zafiro ha publicado en formato digital A ciegas y Dime cuándo, cómo y dónde.

En 2013, publicó A contracorriente, novela que el supuso el VII Premio Terciopelo de Novela. Ese mismo año publicó En tus brazos y Dime cuándo, cómo y dónde.

En 2014, reeditó Divorcio y publicó Tal vez igual que ayer, Abrázame y Desátame.

En 2015, publicó A media luz, Tal y como soy, Sin reservas y No te pertenezco.

En 2016, publica Sin palabras y No te he olvidado.

Como podéis comprobar, una obra extensa de la que esperamos seguir disfrutando en el futuro.

Si queréis saber más cosas sobre Noe, podéis visitar su blog haciendo clic aquí.

¡Muchas gracias, Noe!

Yolanda Serrano

 

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