Técnicas de escritura creativa. Cómo afrontar el editing de una obra literaria:  La persuasión, un elemento clave

Técnicas de escritura creativa. Cómo afrontar el editing de una obra literaria: La persuasión, un elemento clave

Si estás escribiendo una novela, este artículo te resultará especialmente útil. Cuando inicio la corrección de una obra realizo, en primer lugar, un informe de editing. En este informe, analizo cada uno de los capítulos y destaco los aspectos que conviene revisar en cada uno de ellos. Mi análisis se basa en seis elementos clave:

persuasión · personalidad · naturalidad · continuidad · visibilidad · verosimilitud

En los próximos artículos los iremos estudiando con calma. Tenlos presentes durante el proceso de escritura, porque cuando envíes la novela a un concurso, editorial o agente, son aspectos que un editor valorará en primer lugar. No son los únicos, pero no escribas el punto final sin asegurarte de que estos seis se han desarrollado con acierto.

En el presente post abordaremos el primero: la persuasión

Son numerosos los aspectos que hacen que un relato resulte persuasivo. Cuando valoro una obra, me centro especialmente en dos:

  • El desarrollo argumental debe resulta atractivo para el público lector a quien se dirige.
  • El inicio debe resultar persuasivo, porque tenemos que captar la atención del lector desde los primeros párrafos. Es uno de los aspectos que incluyo al inicio del informe de editing.

Cómo crear un inicio atractivo

En este post nos vamos a centrar en el inicio del relato. Se trata de lo primero que llega a mis ojos cuando valoro una novela, es lo primero en que me fijo. Te aseguro que el inicio me transmite una impresión muy clara sobre el autor que ha concebido el texto. En función del inicio, puedo hacerme una idea aproximada de tu dominio del lenguaje y de tus conocimientos de narrativa. Y no me suelo equivocar.

Tienes que prestar mucha atención a los primeros párrafos de tu relato, porque yo los revisaré con atención. Te voy a proporcionar consejos que te ayudarán a crear un inicio persuasivo:

  • Sitúa a los personajes en acción. Preséntalos ante el lector lo antes posible. Que actúen. No es el momento de proporcionar largas disertaciones. El inicio de una novela requiere dinamismo.
  • Procura que las primeras líneas generen incertidumbre y cierto grado de expectativa.
  • Aprovecha para establecer cuando antes el ancla: el lector solo se instalará en el relato si le proporcionas las coordenadas de la narración, si lo sitúas en un espacio y un tiempo específicos. Hazlo cuanto antes.
  • Proporciona pinceladas descriptivas que permitan imaginar los espacios y ambientes donde transcurre la acción.
  • Crea atmósfera. El espacio psicológico genera una atracción poderosa. Envuelve al lector en los cincos sentidos: crea impresiones visuales, texturas, olores, sabores, sonidos…
  • No expliques, muestra. Resulta imprescindible que, en este momento, no te desvíes de la acción principal ni aburras al lector con explicaciones interminables.
  • No proporciones datos biográficos extensos para presentar a tus personajes en este momento. Pocos datos bien escogidos.

Ahora, voy a construir un ejemplo siguiendo mis propios consejos. Un inicio persuasivo para un relato podría resultar así (en su primera versión)…

A pesar del tórrido verano, Marta paseaba complacida por las Ramblas. Miraba escaparates, disfrutaba de las tardes soleadas que le regalaba aquel agosto barcelonés. Recorría relajada las callejuelas del barrio gótico de Barcelona porque ignoraba que El Impresentable la contemplaba desde la acera de enfrente.

Cruzaron sus miradas durante escasos segundos. Él tensó los anchos hombros ante la expectativa de ser descubierto, pero ella no lo reconoció: había superado la prueba. Aquel hombre musculado en el gimnasio de La Modelo ya no necesitaba esconderse. En aquellos años, desafortunados, aciagos, había cambiado de forma considerable. Su mirada, fría como el cierzo de diciembre, evaluaba los cambios que había experimentado la mujer que, durante doce años, había considerado de su propiedad: seguía rubia, bajita y curvilínea. Igual que a los veintidós. Había adelgazado un poco. Parecía feliz: pronto le borraría esa sonrisa estúpida de la cara…

Qué poco disfrutaría Martita de las noches animadas del Barrio gótico barcelonés. Le devolvería los años que había pasado en la cárcel tras la denuncia que interpuso alegando intento de asesinato. Se los metería por el culo, los introduciría en su garganta. Le arrancaría los pezones y se los haría tragar. Le daría de hostias hasta que lo reconociera. A su debido tiempo, la mataría, la molería a golpes, pero solo cuando ella se lo pidiera apelando a su compasión. Lástima que ese tipo de sentimientos le resultaran desconocidos. Marta podía esperar en balde.

Desde luego, se tomaría su tiempo. Se tomaría tanto tiempo…

Las campanas de la catedral tañían. Lúgubres, sombrías, premonitorias.

¿Por qué el inicio es persuasivo?

Evidentemente, siempre hay un grado de subjetividad en una valoración. Pero veamos algunos aspectos interesantes:

  • En el primer párrafo he situado a los personajes protagonistas en un espacio y un tiempo específicos: Marta pasea por el barrio Gótico. La acción transcurre en Barcelona, concretamente en las Ramblas. Corre el mes de agosto. De esta forma, muy concisa, he establecido el ancla. He proporcionado al lector las coordenadas de la narración para que pueda instalarse en el relato.
  • En estos primeros párrafos apenas he dibujado espacios y ambientes. Pero el adjetivo tórrido nos da una idea del tiempo atmosférico. Las referencias al tañir de las campanas nos proporcionan cierto grado de atmósfera. No es suficiente, pero correcto al tratarse de una primera versión que iremos puliendo.
  • Ten en cuenta lo siguiente. Muchas personas conocen el barrio gótico de Barcelona, pero resulta imposible imaginarlo con los datos que te he proporcionado si no lo has visitado antes. Tras estos primeros párrafos, más intensos y dinámicos, convendrá que lo describas con mayor detalle para que el lector que no lo conoce pueda visualizarlo en su mente.
  • He situado a los personajes en escena, pero los he descrito de manera somera. El lector puede imaginarse un hombre curtido en el gimnasio y una mujer joven, frágil y bajita. Tenemos suficiente para hacernos con una primera idea. Ya habrá tiempo de conocerlos bien.
  • Mientras Marta pasea por la calle tranquilamente, he convertido al lector en mi cómplice, proporcionándole datos importantes que la protagonista ignora: su expareja ha salido de la cárcel y parece obsesionada con la idea de torturarla y asesinarla. Ella todavía no lo sabe. Yo pienso que el lector estará interesado en averiguar qué fue lo que pasó.
  • Voy dosificando la información en los párrafos siguientes, aumentando el grado de tensión y la densidad del relato a medida que avanza la narración. En primer lugar, presento a un hombre que espía a una mujer desde cierta distancia. Después desvelo que se trata de su expareja. Acaba de salir de la cárcel. Proporciono un nuevo dato: ella lo denunció por maltrato y él lleva años masticando la venganza. Así que, el lector, tiene una expectativa sobre el texto; seguramente piensa: «Vale, el libro va de un psicópata que secuestra a su exmujer con la intención de torturarla y de asesinarla». Procuremos no defraudarlo.
  • La intensidad y la densidad que emana el texto dependen de la precisión con que trabajes el vocabulario. Cuanto más preciso, mayor grado de tensión.
  • En el primer párrafo he destacado el término Impresentable. Lo he escrito en letra redonda y en mayúsculas. No se trata de un impresentable cualquiera, si no de él, de uno en concreto. Uno que a ella le resulta tristemente familiar. Seguro que utilizaba este término cuando hablaba sobre él con su familia o con sus amigas.
  • He creado un narrador omnisciente para explicar al lector lo que sucede en escena. Si te fijas, el narrador gana oscuridad a medida que avanza el relato; la voz narrativa, neutra al principio, resulta cada vez más incisiva, llegando a mimetizarse con la mente del agresor. En el último párrafo, el discurso se vuelve agresivo, agrio y vulgar. Estamos en la mente del asesino. El discurso refleja la ira que experimenta ante la visión de su exmujer.
  • Para concluir la escena busco contundencia. El tañir de las campanas acompañado de tres adjetivos precisos crean musicalidad y transmiten pesadumbre e intención conclusiva.
  • Al final, proporciono un dato relevante. El expresidiario no ha experimentado nunca compasión. Es fácil deducir de su conducta y de sus intenciones que nos encontramos ante un psicópata. Eso proporciona morbo y ganas de seguir leyendo.

En fin, yo creo que el relato despierta el deseo de saber qué fue lo que pasó. En este caso, mis lectores potenciales serían hombres y mujeres amantes del thriller y de la novela de misterio. Si mi intención fuera escribir una novela romántica, este no sería el mejor modo de empezar…

Ahora te toca a ti. Escribe los dos, tres, cuatro párrafos iniciales de un relato que, según tu criterio, resulten persuasivos. Argumenta tu decisión. Si tienes dudas, no te cortes, deja tus comentarios. Estaremos encantados de conocerte mejor.

Por cierto, ¿qué te ha parecido el texto? ¿Podría ganar persuasión? ¿Cómo?

Técnicas de escritura creativa. La composición de la escena

Técnicas de escritura creativa. La composición de la escena

Cuando afrontamos la escritura de un relato o el capítulo de una novela, muchas veces nos dejamos llevar. En nuestra mente circulan personajes que actúan, dialogan, se emocionan, recuerdan… Nosotros acostumbramos a explicar al lector lo que sucede en nuestra mente y nuestros personajes… se enojan. No nos damos cuenta, pero nos recriminan: ¿Por qué le explicas lo que hago? ¿Acaso no está mirando? Déjalo que vea…

Cuando vamos al teatro, nadie nos cuenta qué hacen los personajes en el escenario. Nos acomodamos en nuestra butaca a contemplar lo que ocurre en escena. Como autor, ese es tu papel. Colocar a tus lectores ante el escenario y explicarles lo que acontece solo cuando sea necesario para que comprendan qué está ocurriendo. Si no lo es, hazte a un lado y permítele disfrutar de lo que sucede ante sus ojos.

Es fácil decirlo, ¿verdad? Lo cierto es que no es tan difícil; hay que trabajar con intención. Algo de teoría y un ejemplo ayudan bastante. Voy a construir una escena. Lo haré paso a paso para que comprendas cómo voy trabajando.

 

Antes de escribir, una sesión de sofá y café

 

Antes de comenzar a escribir, he pensado bien lo que te voy a contar. No es trampa, es un ejercicio necesario para que el proceso de composición se realize con la debida intención. Esta es la idea que me ha venido a la mente:

 

Una mujer joven está a punto de representar su primera obra teatral. Entre bambalinas, comtempla a su hija pequeña y a su pareja: ambos permanecen sentados entre el público.

 

Esta es la situación de partida. En el sofá y con mi café, esta escena se ha desarrollado decenas de veces en mi mente. La he contemplado, como espectadora, desde las butacas de la última fila, desde la primera… Me he situado junto a la niña y su padrastro para contemplar la escena desde su punto de vista, intentando ponerme en su  piel, escuchando su conversación, mirando en sus mochilas, atrapando sus olores, anotando lo que cuentan sus miradas

 

Después, me he subido al escenario. He sido testigo mudo de lo que ocurre tras los cortinajes. De los miedos que comparten los actores. Me he acercado a los personajes, he penetrado en su mente y me he apoderado de sus pensamientos. Soy, por esta vez, omnisciente…

 

Mi mente ha volado junto a la protagonista, que ha descubierto a su familia entre el público. Acerco y alejo el foco para mostrar al lector lo que sucede desde planos distintos.

 

También he ubicado la escena en distintos ambientes. He visto un teatro clásico: mucho oro y mucho rojo. Una gran araña ilumina imponente la sala. También he situado a mis personajes en un escenario sencillo, en un auditorio de casal de barrio, madera de roble, sobriedad, minimalismo y mucho arte. Me he decidido por el oropel porque la protagonista me lo estaba pidiendo a gritos. Ponto entenderás por qué.

 

Miro de nuevo y veo mucho ambientillo, muchas ganas e ilusión mal reprimida entre los actores; entre el público, también. Conversaciones, risas, cacahuetes… «¿Quieres una galleta?» «No, que ya empieza…» Los susurros y los trajes de estar por casa han pasado por mi mente, pero el ambiente festivo ha ganado la partida.

 

Ante la hoja en blanco… ¡acción!

 

Empiezo a escribir. Tengo en mente los componentes esenciales de la escena para combinarlos de forma efectiva: acción, pausa, sumario y elipsis.

 

 Acción

La acción sitúa a los personajes en un tiempo y espacio específicos. El autor escenifica ante el lector lo que sucede aquí y ahora, en el presente del relato. Como narradora, me hago a un lado y muestro a los personajes mientras actúan. Permito al lector que escuche sus conversaciones y le muestro lo que sucede:

 

Sobre el escenario, dos mujeres jóvenes coinciden minutos antes de la representación. Podrían ser Maria Antonieta o Madame Pompadour conversando en los salones de un gran palacio barroco. Elena se acerca a Pilar. No le dice nada. No sabe qué decirle, así que, simplemente, la abraza. Pilar se deja querer, se acurruca en los brazos de su mejor amiga sin hablar.

  ―!Au! Pilar se queja. Se le ha enganchado un pendiente en el vestido. Diamantes que heredó de su madre.

  Aqui está. No te preocupes, lo tengo. Póntelo. ¿Te ayudo?

Pilar duda un momento. Se quita el otro pendiente y los deja caer en las manos de su amiga.

   ―No me hagas esto…

Pilar agarra las manos de Elena entre las suyas, las besa y las cierra. Los diamantes queman la piel de las dos.

   Te quiero mucho. Mucho. Gracias por todo. Gracias…

   Elena no puede responder. Emocionada, corre al vestuario.

 

Como ves, he situado al lector ante la escena. Intento atrapar su atención creando tensión entre los dos personajes. Centrándome en ellos. Quiero que, para empezar, el lector reciba la impresión de que se trata de un momento relevante en sus vidas. No hay adornos, solo una realidad cruda que se intuye. Ahora, voy a introducir en la escena un nuevo componente: la pausa.

 

 Pausa

Tras un momento tenso, he decidido introducir una pausa. En la pausa, el narrador aprovecha para proporcionar datos que permitan al lector instalarse en el relato. Puede ser información sobre espacios y ambientes, descripciones… Es un recurso que posibilita la creación de atmósfera, configura el espacio psicológico, aporta densidad al relato, envuelve a los personajes y permite situar al lector en un tiempo específico.

 

La información que se presenta ante el lector no explica ni muestra ni aporta datos que permitan comprender lo que sucede. No impulsa la narración hacia delante. La detiene. Veamos cómo vamos configurando nuestra escena con esta nueva información.

 

       Faltan quince minutos. Alguien comenta que llueve, que llueve a mares.  Marzo ha llegado húmedo y frío. El Gran Teatre del Liceu se viste de fiesta. De lujo. Hace calor. A pesar de que es lunes y de que son las cuatro, los espectadores visten de domingo. Todos están allí, todos lo que importan. Incluso la tía Pepita. Y mira que nunca se han llevado bien. Mucha mierda…

       Tras los cortinajes, se escuchan risas y mucho alboroto; la orquesta, bajo el escenario, deja caer algunos compases de su versión favorita del Invierno de Vivaldi. La primera violinista la interpretará para ella después de la representación. Solo para ella. No se puede pedir más.

 

Vale, ya tienes los datos que necesitas para situarte. Te he proporcionado un espacio y un tiempo específicos, cierta ambientación y una situación de partida que, espero, despierte tu interés, que genera incertidumbre y cierto grado de intriga. ¿He captado tu atención? Espero que sí. Sigamos.

 

Ahora voy a incorporar un nuevo componente a la escena. El sumario. El sumario es el espacio del recuerdo, de los viajes al pasado (o al futuro), es el espacio que el narrador emplea para presentar información que impulse la narración hacia delante. Es el momento de compartir con el lector algún dato que le permita comprender lo que sucede en el escenario.

 

Importante. Cuando recurras a la pausa o al sumario, no permanezcas demasiado tiempo alejado del presente de la narración. Cuando hayas dejado caer ese dato relevante, ese que resulta imprescindible para entender lo que sucede, regresa a la escena y vuelve a mostrar a los personajes en acción. Vamos al sumario.

 

Sumario

La representación estaba prevista para el viernes por la noche, pero Pilar había sabido que debía someterse a una intervención urgente y habían decidido adelantarla. Todavía no se lo había dicho a nadie, solo Elena sabía que no pensaba operarse. No tenía sentido prolongar lo que estaba por venir. Estaba preparada para irse. Su familia, su marido tendrían que aceptarlo…

 

Ahora comprendemos la razón del abrazo emocionado de ambas amigas, la importancia del regalo realizado. El grado de intensidad del momento compartido. La lluvia, el frío contribuyen a crear una atmosfera que evoca melancolía.

 

Ha llegado el momento de regresar a la acción en escena. Recupero la situación inicial y sigo mostrando al lector lo que sucede…  Avanzo un poco más, siempre hacia delante:

 

Dos minutos después, Elena aparece de nuevo en el escenario, ya más tranquila. Pilar separa los cortinajes sin percatarse de la presencia de su amiga. En la segunda fila, su hija Julia charla con Juan. Se la ve animada, inquieta. Qué sucios lleva los zapatos. Los dos rebuscan algo en la mochila de la niña. «Vale, te has acordado del Petit Suisse. De fresa, como a ella le gusta. Y va bien abrigada.  Las coletas, perfectas.

 

»Nadie diría que hace dos años que la conoces. Te la has ganado a golpe  de cuentos improvisados, de pupas curadas con mimo, de tardes eternas en el parque y de abrazos. Compañero, te la has metido en el bolsillo. Se nota que te quiere. Cuando viajas a Madrid no hace más que preguntar cuándo vas a volver. Se nota que la quieres. El cariño que pones cuando le limpias los mocos, cuando le preparas el cola-cao, cuando la riñes porque no hay manera de que ordene el cuarto, cuando te preocupas por sus deberes, cuando compartes las palomitas y rebuscas en la mochila como ahora… Estoy en paz; me siento feliz porque sé que estaréis bien».

 

Hemos terminado. Comenzamos situando a dos amigas emocionadas a punto de interpretar una función, la primera y la última para la protagonista de la historia (acción). El día frío, lluvioso, contribuye a crear una atmósfera melancólica (pausa). Hemos sabido que la representación se ha adelantado porque el personaje principal se somete a una intervención importante. También hemos sabido que la operación no se realizará: Pilar ha tomado una decisión crucial (sumario) De nuevo en escena, la protagonista contempla, entre bambalinas, a Juan, su pareja y a su hija. Observándolos, comprende que se aman y que el amor los ayudará a superar la pérdida (acción).

 

Este sería el momento de poner punto final a nuestra escena. Para proporcionar sensación de continuidad, concluiré el relato recurriendo a la elipsis. La elipsis nos permite viajar al futuro para mostrar qué ocurrió con la vida de los personajes que hemos acompañado durante unos momentos. Podemos avanzar diez minutos o diez años, así, de un plumazo. A veces, resultará conveniente que señalemos el espacio transcurrido dejando una separación entre párrafos. En otras ocasiones, no resultará necesario. En este caso, recurrimos a la elipsis para construir el inicio de una nueva escena que enlazaría con el texto anterior, proporcionando al relato un sentido completo.

Elipsis

 

No deja de llover. En casa se está bien, no hace frío. Julia abre la ventana de la habitación del matrimonio. Solo un dedito. Sabe que a su madre le relaja el sonido de la lluvia repiqueteando en los cristales. La incipiente penumbra le recuerda que la noche está al caer. El invierno de Vivaldi y el olor a chocolate irrumpen con fuerza desde el piso de abajo.

       La nena se acerca a su madre, que permanece semiinconsciente tumbada en la cama. Es consciente de que el telón está a punto de caer. Le sube la colcha, mullida, hasta la barbilla y la besa en la frente. Juan entra en la habitación. Julia no ve las ojeras, los hombros caídos, las manchas de café en el jersey.

   ―Papa, ¿está bien? ―Susurra.

  ―Sí, está bien, mi amor. ¿No ves cómo sonríe?

 

Y así concluyen dos escenas de una novela que jamás escribiré. Como ves, combinando acción, pausa, sumario y elipsis conseguimos una escena que tiene, en sí misma, su propio inicio, su nudo y su desenlace. Puedes variar el orden de los componentes como prefieras y combinarlos según tus necesidades.

 

Ahora te toca a ti. Me gustaría que construyeras una visión alternativa a esta que propongo, a partir de la escena inicial y los mismos personajes. ¿Te atreves? ¡Claro que sí! Si tienes dudas, pregunta. ¡No te cortes! Esperamos tus comentarios.

Técnicas de escritura creativa.  Controla el ritmo interno de tu relato

Técnicas de escritura creativa. Controla el ritmo interno de tu relato

Escribir una buena novela o un buen cuento no resulta sencillo. La palabra clave para lograrlo es intención. En nuestro taller de escritura, hoy vamos a aprender a controlar el ritmo interno del relato. ¿Preparados para iniciar el viaje? ¡Vamos a ello!

Imagina que vamos de excursión. Caminamos despacio, mucho. Nos detenemos cada dos por tres para observar los detalles del paisaje, cogemos flores, nos sentamos a descansar y aprovechamos para charlar.
Al principio, la novedad de las vistas nos atrapa, pero transcurre el tiempo y comprendemos que no hemos avanzado lo suficiente. Estamos fatigados, nos molestan el hambre y la sed, los mosquitos, el calor… Y tenemos una rozadura en el talón. Ahora, tenemos ganas de llegar a nuestro destino para contemplar el paisaje desde el mirador, pero nos hemos entretenido demasiado y nos sentimos agobiados y aburridos. ¿Regresamos a casa? Ya volveremos otro día…
También puede suceder lo contrario. Iniciamos la excursión a buen ritmo. Queremos llegar al mirador lo antes posible. Caminamos rápido, sin fijarnos en las sopresas que nos depara el camino. Imprimimos velocidad y… antes de alcanzar la meta nos sentamos porque estamos fatigados. La perspectiva de llegar al mirador a la hora de comer se vislumbra lejana. Hemos agotado nuestra energía. ¿Sabes qué? Volvemos a casa. Ya iremos otro día…
En ambos casos hemos perdido el interés por la excursión: No hemos controlado de forma adecuada el ritmo. Si se tratara de una novela, el lector se hubiera sentido tentado de abandonar la lectura. Pero, anímate, controlar el ritmo de la narración está en tus manos. Sigue nuestros consejos y practica; poco a poco, tus narraciones caminarán desde el inicio hacia el desenlace como si de una melodía se tratara: con la cadencia perfecta.

Usa los tiempos verbales adecuados

El presente de indicativo, el futuro imperfecto y el Pretérito indefinido agilizan el ritmo. El pretérito imperfecto y el pluscuamperfecto lo ralentizan. El uso combinado de los tiempos verbales te permite imprimir velocidad a tu relato o reducir la marcha, según convenga.

Utiliza de forma equilibrada el discurso narrativizado, la descripción y el diálogo

Si abusas de la descripción, el lector se aburrirá. Si abusas del discurso narrativizado, el lector se aburrirá porque desea contemplar a los personajes en acción. Quiere ser testigo directo y escuchar lo que dicen sin intermediación del narrador. La combinación equilibrada entre las tres formas del discurso lo mantendrá enganchado a la página.

Presta atención a la duración de los distintos capítulos

Antes de comenzar a escribir, planifica la duración de la obra, que debe ser, en su conjunto, regular y equilibrada. Si calculas que tu novela alcanzará las doscientas cincuenta páginas, la organización de la información en quince capítulos podría resultar adecuada (unas dieciséis páginas por capítulo). Los episodios iniciales y los finales pueden ser algo más breves. Concentra un mayor número de páginas en el nudo.

Falta de acción dramática

La acción dramática se compone de sucesos relevantes, de acciones que actúan como motor de la narración empujándola hacia delante: del inicio al nudo, del nudo al desenlace. Dos personajes pueden pasarse un capítulo moviéndose de un lugar a otro. Esto es acción, pero no acción dramática. Si se limitan a transitar por distintos escenarios, el lector recibe impresión de dinamismo, pero se trata de una impresión falsa porque, en realidad, no está sucediendo nada relevante. Recuerda: acción y acción dramática no son equivalentes.

Siempre hacia delante

La digresión, las desviaciones y las disertaciones son enemigas del dinamismo. Recurre a ellas de forma puntual. Cuando escribas, procura no irte por las ramas, salvo que sea totalmente necesario. Y si lo haces, no tardes en regresar a la línea de acción principal.

Atento a los diálogos

Las conversaciones entre los personales deben resultar naturales y creíbles. Muy ágiles, como sucede (en general) en la vida misma. No utilices los diálogos para incluir datos disfrazados; ralentiza mucho el ritmo y demuestra poca destreza narrativa.

Cuidado con las descripciones

El exceso de detalle ralentiza el ritmo de forma considerable. No necesitas componer descripciones extensas para que resulten efectivas. Un substantivo o un adverbio preciso y un adjetivo certero provocarán en el lector esa imagen visual sin restar dinamismo a la acción.

Ojo con los datos biográficos

Los personajes, para ser redondos, necesitan de una biografía que les confiera identidad. Pero, estos datos, debes dosificarlos. Si proporcionas demasiada información de una sola vez, el lector lo interpretará como una desviación y se aburrirá.

El lenguaje, tu mejor aliado

El exceso de detalle, el uso indiscriminado de adjetivos compromete seriamente el ritmo. Utiliza un lenguaje preciso, económico y natural y conseguirás dinamismo.

Sintaxis y puntuación

Las frases largas y el exceso de subordinación ralentizan la acción y pueden comprometer la fluidez. Combina las frases breves con otras más largas y conseguirás un texto dinámico. Las frases demasiado breves rematadas con punto y seguido producen un efecto cortante. Utiliza este recurso para crear tensión e imprimir velocidad al relato.

Controla el uso de la analepsis (flashback)

Viajas al pasado para rescatar un recuerdo, una experiencia vivida que proporciona al lector información esencial sobre los actores. Sin embargo, cuando viajes a través del tiempo, no tardes en devolver al lector al presente. Si retrasas el regreso, ralentizarás el ritmo y resultará difícil disfrutar de una lectura fluida.

No abuses de los datos secundarios

El exceso de datos secundarios aburre, pero, cuidado, que son importantes. Combina con acierto la información relevante con la secundaria y conseguirás equilibrio en el ritmo.

No expliques, muestra

El abuso del texto explicativo es el origen de numerosas valoraciones negativas. Muestra a tus personajes en acción. Recuerda que el lector no quiere escuchar continuamente la voz del narrador, quiere ver a los personajes dialogando en escena.

Ahora, llega el momento de practicar. ¿Conoces otros recursos que permitan controlar el ritmo? ¿Utilizas alguna técnica que quieras compartir?

Si quieres, puedes utilizar la zona de comentarios para enviarnos un texto breve, diez o doce líneas. Un microrrelato en el que nos muestres cómo te las ingenias para imprimir a tu texto la velocidad adecuada.

Sobre todo, no te cortes. Estaremos encantadas de escucharte y de responder a cualquier duda que pueda surgir. Nosotras, te esperamos aquí mismo.

 

Categorías

¿Quieres recibir nuestros recursos para escritores? Suscríbete y no te pierdas nada.


Bajo la mirada del lector crítico ¿Por qué las editoriales rechazan nuestros manuscritos?

Bajo la mirada del lector crítico ¿Por qué las editoriales rechazan nuestros manuscritos?

 

Me estoy tomando un cafecito, mientras entrego un nuevo informe de lectura. Mi valoración ha sido negativa… otra vez. Durante el año 2016 creo que habré otorgado diez valoraciones positivas. Doce como mucho. Teniendo en cuenta que he leído unos 250 manuscritos, la ratio no es para tirar cohetes…

Si escribes para publicar, presta atención a lo que te cuento. El caso es que, al igual que muchas otras, esta novela nunca llegará a la mesa de un editor. Lo peor es que no podré contactar con el autor para comentarle mi decisión. Sé que podría ayudarle…

Pero hay algo que sí puedo hacer; puedo explicarte en qué criterios me baso a la hora de valorar un original. Antes de enviar tu obra a un agente, concurso o editorial, asegúrate de que cumple los siguientes requisitos. ¡Tendrás mucho ganado!

Lo primero que compruebo cuando inicio la lectura de un manuscrito: que el lenguaje resulte NATURAL.
Emplea un lenguaje cercano, creíble y económico.

No abuses del empleo de adjetivos. Controla el uso de adverbios. Un sustantivo preciso es el mejor calificativo.

Ten cuidado con la sintaxis: las frases excesivamente largas contribuyen a ralentizar el ritmo.

Posteriormente, me aseguro de que el texto no presenta problemas de CONTINUIDAD. El lector no debe perder el hilo…
La lectura debe ser fluida en todo momento, nada debe entorpecerla.

Cuida la ortografía, la gramática y la sintaxis.

Asegúrate de que el lector siempre está ubicado en el espacio y en el tiempo.

Vigila que la lectura sea fluida entre los párrafos y páginas de un mismo capítulo.

Establece nudos de desenlace y encabalgamientos que aseguren la continuidad entre capítulos.

Uno de los aspectos que valoro de forma positiva tiene que ver con la PERSONALIDAD.
Si has encontrado tu propia voz tienes un punto a tu favor. Si tu estilo es personal, lo valoraré de forma positiva.

Pero lo importante es que me demuestres que dominas el lenguaje como herramienta de creación; vamos, que conoces el oficio.

El inicio del relato debe resultar PERSUASIVO. Este es otro de los aspectos que tendré en cuenta.
Los primeros párrafos resultan esenciales. Centra tu esfuerzo en conseguir el interés del lector tan pronto como puedas.

Establece el ancla cuanto antes, es decir, sitúa al lector en un espacio y un tiempo concretos. Es indispensable para que se instale en el relato.

Nunca lo repetiré suficiente: los textos explicativos aburren, muestra a tus personajes en acción. Ubícalos en un escenario y deja que el lector espíe por el ojo de la cerradura.

El motor de la novela es el conflicto. Un conflicto potente es la base de una buena novela.

La ficción generada tiene que resultar VEROSÍMIL.
Las situaciones planteadas tienen que resultar creíbles, el desarrollo argumental, fruto de la lógica, de la causalidad.

El desenlace tiene que resultar coherente con el desarrollo del argumento.

Los personajes deben actuar de acuerdo con sus propósitos y sus metas. Al final de la novela debe resultar patente que se ha producido un cambio en su manera de ver las cosas. Se ha producido un crecimiento.

El relato tiene que ser VISIBLE. Es otro de los aspectos que condicionan mi valoración. El lector tiene que poder imaginar los espacios y ambientes donde sucede la acción para instalarse en el relato.
No es necesario que realices tediosas descripciones. A veces, un breve apunte es suficiente. Pero que no falte…

La visibilidad se consigue a base de precisión: vocabulario preciso, texto visible.

La atmósfera psicológica proporciona densidad al relato e intensidad a la acción, recuérdalo.

El RITMO tiene que ser dinámico. Puede ser pausado por momentos, pero no lento. Ritmo lento, lector aburrido.
No abuses del texto explicativo.

Busca el equilibrio entre la narración, el diálogo y la descripción.

La frase corta proporciona impresión de dinamismo. La frase larga ralentiza el ritmo.

La construcción de una identidad requiere de tiempo y de pericia. Los PERSONAJES son los elementos más importantes del relato.
Sus voces deben resultar naturales y creíbles. Sus acciones, coherentes, deben obedecer a un propósito bien definido.

Antes de comenzar la escritura, dedica tiempo a construir su biografía. Investiga sus secretos, sus manías, sus anhelos…

Construye sus recuerdos, su pasado, sus esperanzas de futuro.

Construye su imagen, su forma de caminar, sus gestos, su vestimenta y su perfil psicológico. Estudia cada uno de sus movimientos. Solo así conseguirás que vivan.

Ya sé que no te gusta oírlo, pero tengo que decírtelo. Si quieres ver tu obra publicada, tiene que interesar a un público amplio. No puedo valorar de forma positiva una obra si pienso que no resultará rentable en el plano comercial. Es normal, ¿no crees? El editor que invierte en tu proyecto espera ganar dinero y trabajará para que tu lo ganes también.

Un último consejo. El más importante. Quizá no domines el lenguaje. Quizá no sepas construir de modo conveniente una escena. Es posible que tu obra presente desequilibrios… Pero si tu historia me llega al corazón, si tu relato me conmueve, tendrá mi valoración positiva. Después, trabajaremos juntos para que el lector reciba una experiencia memorable.

¿Y tú? ¿Me cuentas tu historia? ¡Anímate! Déjame un comentario y no te cortes, si tienes alguna duda, pregunta o una experiencia que quieras compartir, me encantará conocerla.

 

 

Categorías

¿Quieres recibir nuestros recursos para escritores? Suscríbete y no te pierdas nada.