Notas sobre el panorama editorial en España

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Algunas generalidades

A pesar de ser un país donde se lee poco, aquí se edita, y mucho. Según el último informe del Observatorio del Libro y la Lectura, en 2016 las poco más de 3.000 editoriales en activo publicaron unos 86.000 títulos. Eso sin contar los libros autopublicados, de los que no se tienen aún datos definitivos, pero que suponen un segmento en auge.

La tirada media en España ronda los 2.750 ejemplares. Esta cifra, que es baja, decrece un año más como respuesta lógica a la gran cantidad de devoluciones y la alta rotación en librerías. Esto podría relacionarse con el altísimo número de títulos publicados y con la abundancia de editoriales independientes que forman parte de nuestro ecosistema editorial. Y es que el ciclo de la mayoría de los libros es corto, aporta poco a la facturación global y, consecuentemente, hay que sacar otros títulos para cuadrar cuentas. De ahí también que, en los catálogos, abunden las novedades.

A esto hay que sumar la frenética actividad de los grandes grupos editoriales que, aunque más proclives al bestseller, juegan en una liga en la que los espectadores no siempre llenan los estadios, permitidme el símil. Así que organicemos más partidos.

Y hablando de grandes…

Nuestro mercado está muy polarizado. Después de la gran crisis, de la que parece estarse despidiendo el sector, dos grandes grupos editoriales, grandísimos, se han acabado comiendo casi la mitad del pastel: Planeta y Penguin Random House (hablamos de libros de literatura, el pastel del libro de texto se lo comen otros tres: Santillana, SM y Anaya). La clase media casi ha desaparecido devorada por ambos. El espacio restante, aún amplio, es ocupado por una animosa tropa de editoriales independientes.

Quién lee y cómo

Sin sorpresas: las mujeres leen más que los hombres. Resulta destacable, no obstante, que la balanza se incline por poco hacia el lado masculino cuando se trata del libro digital, que constituye el 27,5% de todo lo editado (aunque solo supone un 5% de la facturación global).

El siguiente dato sorprende, al menos, al escriba de estas notas: los jóvenes (14 a 24 años) constituyen el sector poblacional que más lee. Alabados sean. En todo caso, parece que pierden buena parte del hábito lector al pasar al grupo de los adultos. Algo habrá que hacer para no perderlos cuando transitan de una etapa a otra.

El catálogo de las grandes

Tanto Planeta como Penguin Random House apuestan por el bestseller o lo que es lo mismo: literatura de género apegada a la moda, de lectura ágil y bien sostenida por el marketing.

También es verdad que, al haber incorporado en sus entramados a editoriales de prestigio literario, el libro comercial de calidad también contribuye a sumar. Y es una apuesta comercial acertada, como demuestran títulos como Patria de Fernando Aramburu publicado por Tusquets (Grupo Planeta), líder en ventas en 2017. Otro ejemplo reciente es el último Goncourt, que se ha vendido muy bien: La desaparición de Stephanie Mailer, de Jöel Dicker, editada por Alfaguara (Penguin Random House).

Resulta llamativo que tanto Planeta como Penguin Random House diferencien en sus catálogos la narrativa más comercial, de la «literaria», de mayor ambición estilística y no tan condicionada por las infalibles reglas de género. A esta última, en la que engloban respectivamente Patria y La desaparición, la etiquetan directamente como novela literaria, dejando como novela contemporánea la más comercial, cuando no directamente, novela romántica, policíaca, histórica, etcétera.

Lo pequeño es hermoso (también)

A pesar de la omnipresencia de los sellos pertenecientes a los dos grandes grupos mencionados, en el mercado español está surgiendo una interesante pléyade de editoriales independientes cuya oferta se caracteriza tanto por el cuidado formal del producto como por la variedad y calidad (en ensayo, misceláneas, narrativas cortas, largas, gráficas, etc.) de contenidos y autores.

Claro está que hay excepciones y no siempre se edita dignamente, pero el recorrido comercial de aquellos editores independientes que no se preocupan por la calidad es limitado en el tiempo. La competencia es fuerte, y por fortuna, la vocación también. Las editoriales independientes que han logrado asentarse, hacerse un hueco en los puntos de venta y en las estanterías domésticas, lo han conseguido mimando el producto. No hay más que echar un vistazo al atractivo catálogo de editoriales como Impedimenta, Rayo Verde, Capitan Swing, Blackie Books y muchas, muchas más.

Mención aparte merece Salamandra, una editorial milagrosamente independiente que aseguró su supervivencia económica al obtener los derechos de publicación de Harry Potter. Después llegó, entre otros éxitos, El niño con el pijama de rayas. Para no perder comba en su catálogo reciente se encuentra El cuento de la criada, de Margaret Atwood, un título aupado por el éxito de la serie televisiva homónima. O sea, un caso digno de estudio.

Un par de reflexiones finales

Una. España es el estado de la Unión Europea con la mayor y más antigua red de librerías, grandes y pequeñas, a las que hay que sumar otros puntos de venta como los kioskos o grandes supermercados. Buena cosa. Sin menospreciar internet, un poco de calorcito y conocimiento del producto se agradecen, y estos atributos pueden encontrarse aún en algunas librerías. No diré muchas. Quizá en otra entrada podríamos hablar de ellas con más detenimiento.

Dos. A menudo se alaba a las editoriales independientes la apuesta que hacen por autores noveles en lenguas del estado. No sé hasta qué punto esa alabanza es merecida, al menos en lo que respecta a los catálogos en castellano, que son los que conozco. Si algo abunda en las mejores editoriales independientes es el título traducido desde otras lenguas como el inglés, aunque también se cuela alguna que otra menos mainstream. Y es que comprar derechos de traducción de autores de éxito en sus países de origen, pero poco conocidos o infraeditados en España, es una estrategia de coste-beneficio muchas veces ganadora. Así sea. El resultado es atractivo con cierta frecuencia, aunque esto lleve a cada vez más autores a tirarse al mar de la autopublicación.

 

Francisco Manuel Rodríguez

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