El perfil del asesor literario

La realidad de un oficio complejo

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El perfil del asesor literario: la realidad de un oficio complejo

Trabajar con personas no es fácil, en ningún caso lo es. Y eso hace un asesor literario. De vez en cuando, un autor te plantea una consulta sencilla sobre un tema concreto, pero no es lo habitual.

Hoy en día, asesoramos a muchos escritores que ejercen su profesión al margen del sector. Son autores editores que desempeñan todas las tareas que requiere la comercialización de una obra literaria. Son escritores emprendedores que asumen el control absoluto de su propia producción.

La tecnología posibilita que cualquiera pueda escribir, producir y vender un libro. Años atrás, los asesores literarios trabajábamos con los autores, sobre todo, en las tareas de preedición: valorábamos originales, sugeríamos propuestas de mejora y trabajábamos con el autor durante la planificación y escritura de la obra.

Hoy en día nuestro trabajo ha ganado en complejidad. En mi caso, me resulta sencillo porque he trabajado como editora de mesa durante años. He coordinado y desempeñado personalmente todos los procesos de transformación que experimenta un original desde que se aprueba su publicación hasta que se comercializa: he escrito, editado, corregido, valorado y ajustado originales. He maquetado, revisado galeradas, compaginadas y capillas. He diseñado y desarrollado aplicaciones interactivas y libros electrónicos. He coordinado trabajos de impresión, he calculado escandallos y conozco al dedillo todo lo que tiene que ver con la distribución editorial.

A día de hoy, un buen asesor literario precisa de una formación completa y compleja, porque tiene que ofrecer soluciones integrales y atender consultas de muy diversa índole. Veamos cuál es el perfil de un asesor competente.

# El asesor es el mentor. El mentor es un didacta

Ante todo, un asesor literario es un mentor. Trabajas con una persona que, con tu apoyo, espera conseguir un objetivo en concreto, así que tienes que estar capacitado para diseñar un plan de acción acotado en el tiempo y orientado por una metodología específica que adaptarás a cada caso en particular. Tienes que establecer el qué, el cómo y el cuándo, y desarrollar una propuesta de trabajo como haría un didacta. Y eso no se improvisa, eso se aprende.

# Saber la asignatura

Para enseñar no basta con saber la asignatura, pero la asignatura hay que saberla. No. Hay que dominarla. Un buen asesor necesita de una formación interdisciplinar. La mayoría de consultas que recibo tienen que ver con la planificación y escritura de novelas. Algunos proyectos son sencillos y, otros, extraordinariamente complejos. Algunos autores querrán que los acompañes durante el proceso de escritura de su primera novela, pero otros piensan en proyectos ambiciosos: ensayos novelados, novela histórica, negra, relato contemporáneo… Un buen asesor es un experto en narrativa avanzada: tienes que saber cómo contar bien cualquier tipo de historia.

Muchos de tus clientes serán novelistas, pero no todos. Ni mucho menos. Hay personas que quieren escribir un libro que les ayude a conseguir notoriedad profesional o a defender una tesis: puede ser un ensayo, una crónica, una biografía, un manual de autoayuda, un artículo periodístico, una investigación… Tienes que estar familiarizado con distintas arquitecturas y con la composición de textos de tipología diversa.

En ocasiones, te solicitarán una valoración profesional. Tendrás que redactar un informe de lectura apuntando desequilibrios y propuestas de mejora específicas, porque de nada sirven los planteamientos generales. Y es aquí donde un buen asesor literario demuestra lo que sabe.

Muchos autores producen sus propios escritos. Es importante de cara a tu desarrollo profesional que aprendas a maquetar, porque recibirás muchos encargos en este sentido. Componer un libro o un libro electrónico es un arte, tienes que hacerlo con base en criterios editoriales. Además, tienes que conocer al dedillo la realidad del sector en nuestro país.

Como asesor literario es importante que pongas en valor el dominio del lenguaje como herramienta de creación. Un buen escritor tiene que escribir de forma impecable: es un reto que debe afrontar. Solo así se puede construir una carrera literaria duradera.

Muchos autores quieren contar historias, pero no disfrutan contándolas bien. Se disculpan cuando cometen errores ortográficos porque las editoriales también se equivocan y porque no es necesario escribir bien para vender libros.

Eso es cierto, lo reconozco. Hay autores que escriben extraordinariamente mal y venden obras como churros. Para mí no son auténticos escritores y no merece la pena considerarlos como ejemplo. Como asesor, defiende con pasión el amor hacia nuestra lengua: solo dominando la herramienta contaremos historias maravillosas.

# Saber comunicar

Un buen asesor literario tiene que ser un comunicador excelente. Cuando comenzamos una asesoría, tenemos que establecer una relación asertiva que nos permita conectar con la sensibilidad de los autores con los que trabajamos.

Una asesoría funciona cuando el vínculo establecido favorece el trabajo conjunto. He trabajado con autores que dicen no haber conectado con otros asesores: esto acostumbra a suceder cuando no se escucha lo suficiente o cuando el escritor se siente agredido por nuestros comentarios. También sucede cuando, pasado un tiempo, no se constatan avances suficientes.

Es importante que evalúes con frecuencia los conocimientos adquiridos por cada uno de tus alumnos. Evalúa el proceso de aprendizaje, no a la persona. Si la asesoría no fluye, seguramente hay algo que no haces bien. Detéctalo a tiempo e introduce las mejoras oportunas.

# Un buen asesor es un motivador nato

Es una persona con carisma, creativa, con una personalidad atractiva que anima a arremangarse y a ponerse a trabajar. Es alguien que inspira confianza y denota conocimiento del oficio, que propone objetivos realistas y transmite pasión. ¡Ese eres tú!

Escribir un libro requiere de un esfuerzo continuado en el tiempo, de una ilusión que conviene mantener, de un proceso de aprendizaje que tenemos que disfrutar. Necesitas transmitir estos sentimientos si quieres obtener buenos resultados.

# Lector incansable y escritor profesional

Lee buenos libros de todo tipo. Lee sobre cómo escribir, sobre cómo enseñar escritura creativa. Lee sobre coaching literario. Analiza textos de autores clásicos y contemporáneos.

Tienes que contar con una buena base de ejemplos a los que puedas recurrir cuando tus alumnos se bloqueen. Y, créeme: eso ocurrirá. Selecciona escenas bien construidas, personajes redondos, voces narrativas peculiares, relatos inspiradores, ensayos bien fundamentados, crónicas y artículos periodísticos que muevan mente y corazón.

Y, si te gusta, escribe, edita, corrige. Muchos autores se desbloquean cuando trabajas sobre sus propios textos, cuando eres capaz de componer versiones alternativas a una determinada escena. Muchos editores trabajan sobre textos creados por otros, pero pocos son, a la vez, capaces de colaborar con ejemplos creados por ellos mismos.

# ¿Generalista o especialista?

Nuestro trabajo se compone de un amplio espectro de actividades. Puedes especializarte en alguna en concreto, pero es importante que te formes como generalista, porque estarás en condiciones de atender un mayor número de demandas. Y, desde luego, siempre puedes trabajar en colaboración con otros profesionales.

La mayoría de autores buscan personas que puedan proporcionarles un asesoramiento integral. Pero lo realmente importante para desempeñar bien este oficio es que disfrutes con tu trabajo. Si no te sientes capacitado para realizar algún tipo de tarea, no lo hagas. Que nadie te acuse de incompetencia.

Un buen asesor literario que pueda desempeñar las tareas de un editor de mesa puede trabajar en equipos editoriales y prestar sus servicios a empresas como editor independiente. Es una profesión apasionante, un oficio con futuro que te proporcionará momentos extraordinarios. Yo me siento feliz de haberle dedicado mi vida. No solo a practicarlo: me queda tanto, tanto por aprender…

¿Y tú? ¿Estás dispuesto a asumir el desafío?

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