De quién hablamos cuando hablamos de Carver

337

1981. El editor Gordon Lish se presenta ante un público solícito. Ha subido al escenario junto al escritor estadounidense Raymond Carver, un autor de impecables relatos. El editor-mago introduce a Carver en una caja opaca. El público murmura expectante. El escritor –voluntario por necesidad– lleva un libro en la mano. Un sonido de tambores redobla. El respetable, maravillado, observa a los pocos segundos como el escritor sale por otra caja más estrecha, al otro extremo del escenario. Los aplausos han sustituido a los tambores, se alargan durante años. Pero el que sale por el otro cubículo no es exactamente el mismo Carver, es otro escritor, el libro que ahora lleva no se llama Principiantes, tiene un nombre más largo y sugerente, se expresa de otra forma. Aunque aplaudimos –llevamos décadas haciéndolo– nos sentimos confusos: conocemos el truco, pero aún así estamos fascinados por el número. Son cosas del espectáculo.

Casi treinta años después de la publicación de What we talk about when we talk about love (De qué hablamos cuando hablamos de amor, Anagrama, 1987) llegó a los lectores la versión original de los diecisiete relatos escritos por Raymond Carver, libres de las profusas correcciones del editor Gordon Lish para la primera edición en Knopf de 1981. El título, Beginners (Principiantes, Anagrama, 2010), el mismo que Carver eligió para su manuscrito. He ahí el verdadero Carver. Los relatos que componen el volumen comparten con los corregidos la misma atención por personajes ordinarios, personajes que sin previo aviso son golpeados por algún suceso relacionado con la violencia, el alcohol o, simplemente, el infortunio. Hasta ahí lo mismo, pero en el doble de líneas. Los relatos recuperan la mitad de su extensión original, cercenada por su antiguo editor. Como una irónica jugada del destino Gordon Lish siguió la máxima de Chejov –tan admirado por Carver– y podó los relatos de Principiantes por los extremos (y por el interior), y vino a crear nada menos que un estilo, casi un género en sí mismo: el realismo sucio, otras veces llamado minimalismo. Una obra maestra de parquedad, precisión y agudísima exposición desnuda del desconcierto y la fatalidad de cierta vida corriente norteamericana.

El nuevo Carver, el original, el de Principiantes, se detiene algo más en darnos detalles de las historias, el lenguaje es menos crudo, menos acerado. No obstante, es el mismo Carver. La vida en pareja de los protagonistas, la vida familiar –otras veces, el desarraigo– son el marco donde quizás se encuentre agazapada una justificación para seguir viviendo; sin embargo, siempre llega lo inesperado, ese golpe que nos conmina a ver la realidad de otra forma, una realidad de una cotidianidad atroz, pero aliada de la extrañeza, del desconcierto, de la inquietud que rezuma cada uno de los relatos.

A quién escoger. A quién elige usted. Con qué Carver se queda. Philip Roth elegió el extenso, el de Principiantes. Yo, permítanme la osadía, en la intimidad bendigo a Gordon Lish y me quedo con el de la segunda caja, el de tan largo nombre y tan breves cuentos, cómo era… De qué hablamos cuando hablamos de amor. Tengan, no obstante, a mano los dos libros, eso les ayudará a elegir. Si después de leerlos aún no se deciden, al menos habrán duplicado el placer de la lectura.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, escribe tu comentario.
Por favor, escribe tu nombre