Alta tensión (II)

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La semana pasada redacté un artículo sobre la forma como los escritores consiguen crear intriga. Empezamos abordando algunos conceptos generales; en el artículo de hoy revisaremos técnicas concretas. Retomemos, pues, el tema.

Estrategias que establecemos para crear tensión

Par crear tensión dramática tienes que dominar tres estrategias, que tienen que ver con la cantidad de información que el lector y el protagonista reciben sobre la situación en que se hayan inmersos. Creamos intriga cuando dosificamos la información de forma adecuada.

Estas estrategias son tres: misterio, suspense e ironía dramática. A veces, las confundimos, así que, ¡aclaremos conceptos!

Creamos misterio…

… cuando, en una situación determinada, el personaje tiene más información que el lector. Imaginemos la primera escena de un relato: el protagonista sube al escenario. Lo vemos corriendo, aunque ignoramos a dónde se dirige. En un momento dado, disminuye la velocidad y se gira sin detenerse; parece comprobar si alguien lo sigue.

En este caso, el personaje sabe qué es lo que realmente ocurre. Ignoramos por qué corre, si huye de algún peligro, si se trata de un ladrón a quien persigue la policía… son datos que el protagonista conoce y que, como lectores, desconocemos. El autor me proporciona cierta información para que establezca hipótesis, para que anticipe lo que está por venir, pero no dispongo de datos suficientes: quizás esté en lo cierto o tal vez no. Si quiero averiguar lo que está sucediendo tengo que continuar leyendo. Así creamos misterio.

El misterio se genera cuando la situación que se plantea nos invita a preguntarnos qué ocurre, pero no se nos revelan las respuestas, aunque podemos intuirlas y realizar una interpretación subjetiva sobre lo que sucede. Continuamos leyendo movidos por la curiosidad, porque deseamos saber más sobre los personajes, sobre el escenario en que se desenvuelven y sobre la situación que se nos presenta.

El suspense

En una escena de suspense, el lector sabe tanto como los personajes que actúan sobre el escenario. Nosotros ignoramos qué ocurrirá y ellos también. Continuamos leyendo y lo hacemos, no solo por curiosidad, sino por temor a lo que pueda ocurrir. Puede tratarse de un conflicto de lo más terrenal: sin darse cuenta, nuestro joven protagonista se dirige a un callejón sin salida. Al llegar, observamos que duda unos segundos y que, cuando intenta regresar sobre sus pasos, un individuo armado lo alcanza y lo apunta con un revolver. Ahora, el autor ha desvelado en parte la información que, en un principio, se nos ocultaba y que el protagonista conocía: alguien lo persigue para matarlo. Lo que ignoramos, que el protagonista también ignora, es lo que sucederá a continuación. ¿Conseguirá escapar el héroe? ¿Morirá asesinado en el callejón? ¿Acudirá la policía en su ayuda? Estamos ante una escena de suspense.

Pero la preocupación que experimentamos no tiene por qué estar relacionada con una amenaza física; la idea de que el protagonista con el que nos identificamos pueda experimentar un cambio que amenace su estilo de vida puede provocarnos un gran desasosiego.

Ironía dramática

En este caso, nos encontramos en una situación en que el lector dispone de más información que el protagonista. Pensemos en Romeo y Julieta, en un momento cercano al desenlace. Julieta está tendida en el suelo. Romeo entra en escena y se desespera porque piensa que está muerta, pero el lector sabe que solo está dormida. Observamos la escena con preocupación porque, el joven, ante lo que ocurre, amenaza con suicidarse. Nuestra angustia aumenta porque sabemos algo que Romeo ignora. Sentimos curiosidad por lo que puede suceder pero, sobre todo, experimentamos angustia.

En muchas ocasiones, la ironía dramática se convierte en suspense. Pensemos en el momento en que Romeo ingiere el veneno. Ahora observamos que Julieta comienza a despertar: de nuevo disponemos de más información que el personaje, ya que ella ignora que Romeo ha muerto y nosotros lo sabemos, pero ignoramos cómo reaccionará Julieta ante lo sucedido.

Cuando compones una escena, los límites entre una estrategia y otra no son tan nítidos. En muchas ocasiones, comenzarás creando misterio, continuarás con cierta dosis de suspense y recurrirás a la ironía dramática para completar la escena. Y así generarás intriga. Es cuestión de práctica. Como ya te he comentado, dosificar la información que recibe el lector es un arte que dominan los grandes maestros y que tú también dominarás con el tiempo y con la práctica.

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