Resulta extraño que tantos especialistas en narrativa se continúen preguntando a día de hoy si se puede enseñar a escribir literatura mientras imparten clases de escritura creativa en escuelas diversas.

Quizá lo digan (no lo sé) porque, a pesar de sus esfuerzos, sus alumnos continúan siendo pésimos escritores cuando abandonan las escuelas a las que asisten tras algunos años de estudio o, peor todavía, porque continúan siendo tan mediocres como lo eran cuando entraron (qué tristeza para un profesor).

Soy asesora literaria, escritora y editora de mesa desde hace veinticinco años. Llevo media vida formando escritores y no se me ocurre ninguna razón por la que una persona no pueda aprender esta maravillosa forma de arte.

Soy doctora en Ciencias de la Educación, especialista en el diseño de recursos para la educación y la cultura. He diseñado programas de formación en entornos oficiales como el Departament d’ ensenyament de la Generalitat de Catalunya o para la Universidad de Barcelona. He trabajado como didacta y he investigado sobre la didáctica en el campo de la formación del profesorado. He impartido clases desde que tengo uso de razón a públicos muy distintos y edades muy diversas. Y ahora me dedico en exclusiva a la didáctica de la narrativa.
Lo hago porque soy, ante todo, maestra. Es así como me siento. Porque estoy absolutamente convencida de que los aspirantes a escritores no son zoquetes potenciales. Quizá lo que sucede es que muchas de las personas que enseñan narrativa saben la asignatura, pero no saben cómo enseñarla: quizá no tienen suficientes conocimientos o habilidad. Quizá, simplemente, no saben cómo hacerlo. Y es por eso por lo que no obtienen buenos resultados con los alumnos con los que trabajan.

Recuerdo que cuando era niña era brillante, ya, para las letras, pero era un desastre para las matemáticas. Las matemáticas, al parecer, no eran lo mío. Los matemáticos y los profesores de matemáticas me parecían seres dotados de unas habilidades extraordinarias. Era yo la que tenía problemas para aprender: ¿por qué iba a cuestionar su habilidad para enseñar?

En nuestro país hay excelentes profesores de narrativa, sin duda alguna. Y creo que un buen profesor no pensará que a escribir literatura no se puede aprender, simplemente, porque no tiene ningún sentido. Un escritor, aunque sea de prestigio reconocido, no tiene por qué ser un buen didacta.

Mi reflexión no está pensada como un ataque hacia otros compañeros de profesión. No es así como debe entenderse. Mi reflexión va dirigida a todos aquellos hombres y mujeres que sueñan con ejercer la profesión y el arte de la escritura. La literatura es algo que se aprende cuando tienes a tu lado un buen profesor dispuesto a enseñártela.

No hay más.

Claro que se aprende. Sin ninguna duda.

Esto podría demostrarse si todos aquellos que enseñamos a contar historias nos reuniéramos para compartir conocimientos, estrategias, habilidades y secretos, y para construir, entre todos, una didáctica de la narrativa que permitiera establecer planes de enseñanza que dieran como fruto escritores y escritoras magníficos. Como ocurre en otros países donde la narrativa se enseña muy bien.

Yo me apunto.

¿Se atreve alguien más?

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