Errores que debes evitar cuando escribas ficción

# Presta atención a los primeros párrafos

Los primeros párrafos de tu novela resultan claves; su propósito no es otro que  captar la atención del lector, mostrarle que merece la pena invertir un tiempo en la lectura porque no le defraudaremos.

Proporciona información relevante desde el principio. No asumas que tendrás tiempo para atrapar al lector. Tampoco postergues la subida al escenario de tu protagonista. Su primera tarea es convencerle de que algo trascendental está a punto de sucederle.  Merece la pena que lo acompañe en la aventura que está a punto de emprender.

# Los personajes que se rinden a la primera de cambio no resultan atractivos

Es importante que el protagonista de tu historia esté a la altura de las circunstancias. Se ganará el respeto y la simpatía del lector si reacciona con valentía en situaciones extremas.

Al inicio del relato mostrará, posiblemente, cierta debilidad de carácter, pero, ante la adversidad, su fortaleza nos sorprenderá.

# Inspírate en la realidad y desbórdala

En algunas ocasiones, la realidad supera la ficción. Para crear un relato puedes inspirarte en una persona que conoces, pero mi consejo es que evites el retrato fiel. Tu mejor amiga trabaja en una cafetería para pagar sus estudios, ¿verdad? Pero si cambias la cafetería por una barra de pole dance, la narración cobrará interés. Miente y convierte una historia hermosa en un viaje apasionante.

 

# Muestra el mundo a través de su mirada

Anastasia mira el reloj y acelera el paso. Piensa en la reunión que se celebrará a medio día e imagina la cara que pondrá su jefe cuando le pida un aumento de sueldo. A pesar de ser ciego no lleva gafas como la mayoría. Cuando la mira siente repelús.  El color translúcido de su iris mirando hacia ninguna parte le resulta inquietante.

Es posible que la actitud de tu protagonista te parezca frívola. Tú no reaccionarías así en una situación parecida, lo sé, pero no la censures. Es natural que muestre su punto de vista sobre las cosas; y es importante y saludable que difiera del tuyo. No importa que su comportamiento resulte reprobable. Tú no eres ella: deja que se exprese con libertad.

 

# Practica la construcción de escenas

Una escena es un compartimento estanco en el que puedes ensayar todo tipo de técnicas narrativas. Puedes acelerar el ritmo y ralentizarlo para comprobar los efectos que produce el cambio. Puedes acercar el foco y mostrar el agobio que experimenta un personaje al perderse entre la muchedumbre. Puedes contar la historia en primera persona y, después, en tercera. Puedes combinar la información nuclear con datos secundarios de mil maneras distintas y comprobar la impresión que produce la lectura… Es una práctica divertida y placentera. Casi tanto como desayunar chocolate con porras. Pruébalo y me darás la razón.

 

# Una buena idea no es suficiente

Perfecto. He escrito un borrador estupendo. Se aprecia de forma clara la historia que quiero contar. La enviaré a una editorial: seguro que un profesional competente sabrá apreciar su interés. Ya la puliremos juntos…

Pues no. Es cierto que muchos de los originales que llegan a mi mesa presentan numerosos desequilibrios. Si la idea es muy buena, mucho, es posible que te llame y que te anime a presentar una nueva versión. Pero no es algo que suceda a menudo. Mi consejo es que muestres siempre lo mejor de ti mismo. Si piensas que tu novela no está lista, revísala antes de presentarla a un concurso, editorial o agente. No dejes que piense que tu trabajo es mediocre…

# Arriesgar es importante

La vida cotidiana no interesa a nadie. No tiene nada de malo, pero carece de emoción. Chica conoce chico, salen juntos durante un mes, discuten, rompen la relación y se reconcilian…

Cosas así pasan a diario.  Es la ensalada de siempre. No está mal, pero es predecible y aburrida. Piensa en el ingrediente que le dará ese toque especial, ese regusto amargo que atrapará la atención de todos. Arriésgate.

 

# Escribir no siempre es divertido

No siempre, desde luego. No lo es, porque es difícil. Porque contar bien una historia requiere de práctica, de constancia, de conocimientos y de esfuerzo. En ocasiones, comienzas a escribir un relato y te quedas atrapado en él. Te bloqueas de tal forma que acabas aborreciendo la historia. Si esto te sucede algún día, apárcala en el cajón y a por otra.

Esto no significa que tengas que rendirte ante la primera dificultad. Ni mucho menos. Pero si después de un tiempo de trabajar en ella experimentas el deseo de abandonarla, pregúntate: ¿por qué tienes que contar necesariamente esa historia? Lo sé, créeme: da mucha rabia comenzar un relato sin haber concluido el anterior. Pero son cosas que pasan. Tienes que volver a emocionarte…

Sobre todo, eso. Y piensa que la escritura es cosa de locos, así que acepta con normalidad las sensaciones extrañas que experimentas cuando creas. Tus rarezas forman parte, sin duda, de ese particular estado de gracia en el que te sientes cuando escribes. Yo, por ejemplo, siento la terrible necesidad de irme a comprar ese lápiz con plumas que vi en el escaparate de la librería. Llueve un poco; a mares, diría yo. El café se me enfriará. A ver…

¿Dónde he puesto el monedero?