Estás a punto de comenzar el proceso de escritura de tu primera novela. ¡Qué ilusión! Repasemos algunos consejos que te permitirán afrontar el desafío con mayor seguridad.

¿Vamos a ello? ¡Claro que sí!

# Planificación: el protagonista ante el conflicto

Tu historia se centrará en la resolución de un conflicto que el protagonista de tu relato tendrá que afrontar. El conflicto determinará sus acciones, que se verán condicionadas por sus propósitos y sus metas.

El conflicto es el motor de la historia, así que, antes de comenzar a escribir, piensa en las motivaciones que empujan al protagonista de tu relato hacia la acción.

# Afrontar bloqueos

El temor a no escribir bien, que surge ante la página en blanco, genera el bloqueo. Para superarlo, escribe. No se trata de lograr la perfección, se trata de permitir que las ideas fluyan. Corregir es más sencillo que crear, así que, cuando hayas llenado la página con un texto base sobre el que puedas trabajar, el bloqueo se desaparecerá. ¡Ya lo verás!

# El detalle significativo

Evita las descripciones generales. Centra el foco en detalles que permitan al lector enfocar su mirada y obtener una impresión concreta. Haz que se fije en su alianza, tan desgastada como su amor, en sus puntas abiertas, en el cuero descolorido de sus zapatos, en la palidez amarillenta de su rostro, en su mirada viva, brillante…

# Generar incertidumbre

En dosificar la información está la clave. Convierte al lector en tu cómplice, proporciónale información que tus personajes desconocen. Oculta ciertos datos; en un momento dado, desvélalos parcialmente de forma que el lector pueda hipotetizar sobre lo que sucede y, cuando llegue el momento oportuno, descubre tus cartas. Este mecanismo puedes replicarlo en varias ocasiones en el transcurso de la trama. Para reactivar el interés del lector, introduce un punto de giro y repite el proceso.

# Establecer el ancla

No pierdas de vista que, al inicio, debes establecer el ancla para mantener al lector atento. Busca que se instale en el relato: proporciónale cuanto antes las coordenadas de la narración: espacio, tiempo y acción dramática en escena.

# Naturalidad

Utiliza un lenguaje natural y construye tu texto con base en el principio de economía. No abuses de los adjetivos. Si utilizas un vocabulario preciso conseguirás plasmar con exactitud lo que tienes en mente.

# Visibilidad

Los espacios donde transcurre la acción deben resultar visibles para el lector, que no se instalará en el relato si no le proporcionas datos sobre los espacios donde transcurre la acción: olores, sabores, texturas, imágenes y sonidos.

# Persuasión

El interés del lector se mantendrá si establece un vínculo emocional con el protagonista de la historia, así que empuja a tu personaje a escena desde el primer momento y haz que busque esa complicidad.

# Personalidad

Depende, en gran medida, de la forma como utilizas el lenguaje. Tiene que ver con la opción de estilo que defiendes, con las particularidades de tu voz, con tu manera específica de contar. Es algo que surge con la práctica y con el tiempo. La reflexión introspectiva te ayudará a descubrirla y a potenciarla. Poco a poco….

# Verosimilitud

Las situaciones en las que tus personajes se ven envueltos tienen que resultar creíbles. Las acciones que realizan, sus consecuencias, la forma como afrontan y resuelven sus problemas tienen que regirse por el principio de la lógica.

# Continuidad

Asegúrate de que la lectura es fluida en todo momento, que no genera confusión. Vigila que las fragmentaciones espaciales y temporales estén bien planteadas para que el lector no pierda las referencias.

# La primera versión: objetivos

De entrada, no puedes prestar atención a todo, así que no te preocupes por el estilo ni por el rigor léxico al principio, porque las cuestiones lingüísticas podrás revisarlas después. Céntrate en el desarrollo argumental, escribe una primera versión de cada capítulo y comprueba que la voz narrativa funciona como debiera, que las distintas escenas conectan bien entre sí. Asegúrate de que controlas el ritmo del relato y reflexiona sobre las sensaciones que despierta la lectura.

Una novela es como un traje que cortas, hilvanas y pruebas. Estos pasos son decisivos y te permiten comprobar que, tras la confección final, la prenda sentará como un guante. No te saltes estos pasos; comprobarás que pulir costuras resultará más relajado y, el resultado final, satisfactorio.

# Los diálogos

Las conversaciones que mantienen tus personajes deben resultar relevantes, intensas. No están en escena para hablar de fruslerías: su misión es contribuir a mantener el interés del lector y mostrarse ante él.

Recuerda: los registros de los distintos personajes tienen que aparecer bien diferenciados. El habla tiene que resultar natural y creíble: evita el lenguaje recargado.

No abuses de los verbos de lengua o dicendi (―¡No me digas eso! ―exclamó María.) Si el lector puede identificar al hablante, evita interrumpirlos.

No utilices el diálogo para proporcionar al lector datos históricos o biográficos. Estos debes incluirlos en el contexto de la escena, en forma de sumarios o resúmenes, tal como hemos visto durante el curso.

 

Ahora, sí. ¡Ahora estás preparad@ para iniciar el recorrido! Nos encantaría que pusieras en práctica estos consejos y que nos contaras cómo te va, las dudas que te han surgido… Venga, escribe… ¡y cuéntanos!