Dos hermanas discuten en el salón de su casa. Sus padres fallecieron en un accidente de tráfico dos años atrás. Ana, que todavía era adolescente cuando todo ocurrió, se hizo cargo de Berta a la que cuidó como si fuera una hija. Pero Ana sobreprotege a su hermana y esta se siente asfixiada. Imagina la escena porque trabajaremos a partir de aquí.

Atento a la duración

Dos hermanas entran en el salón de su casa. Parecen enfadadas: entre ellas hay tensión. Esto es lo que imagina el lector, sentado en su butaca esperando que empiece la función. Como autores tenemos que considerar algunos aspectos: ¿Cuánto tiempo durará la discusión entre las protagonistas? ¿Diez minutos? ¿Una hora? Esto resulta esencial para ajustar el ritmo interno a los propósitos de la narración.

Imaginemos que son diez minutos. Podemos condensar el tiempo y mostrar qué fue lo que pasó en un párrafo o expandirlo y dedicar varias páginas a narrar lo sucedido con detalle. La decisión dependerá de la importancia de ese momento en el contexto general del relato. Si obviamos información relevante perderemos intensidad, pero si nos extendemos demasiado aburriremos al lector. Apuesta por la concisión incorporando solo información trascendente. Y recuerda: la clave está en el equilibrio.

La sintaxis

Una oración escueta, en el orden sintáctico lógico, provoca impresión de dinamismo. Una subordinada, en cambio, ralentiza la narración. De todas formas, podemos recurrir a la subordinación e imprimir velocidad al mismo tiempo. ¿Cómo? Presentando a los personajes en acción y evitando el uso innecesario de modificadores (adjetivos y adverbios). Pensemos en la escena anterior:

Berta le recriminó a su hermana que fuera tan dominante. Le gritó que estaba harta, que pronto cumpliría dieciocho y se marcharía. Que no la soportaba más, que se dedicara a sus cosas, que no la necesitaba. Le advirtió que la dejara respirar porque estaba a punto de… Vale, vale, vale. Mireia la interrumpió. Desagradecida, si ella te escuchara, si mamá pudiera oírte, no sé qué te diría, se avergonzaría de ti…

¿Ves? A pesar de la subordinación, la escena resulta trepidante. Ahora, convendría realizar una pausa para que el lector no se fatigue e introducir detalles ambientales que contextualicen el relato.

 

La puntuación

Si quieres imprimir dinamismo a un texto recurre a la frase cortante. Al punto y seguido. Combina frases largas y breves y conseguirás un relato equilibrado.

Tensión dramática

Un texto ofrece impresión de dinamismo cuando los personajes se mueven por el escenario. El autor viaja en el tiempo para situarlos en lugares y momentos distintos y, así, atrapar la atención del lector.

Pero esto, por sí solo, no aporta dinamismo. El ritmo interno del relato depende del grado de relevancia de la información que se ofrece. Si te ahogas en el detalle u ofreces datos intrascendentes, tu novela aburrirá aunque presentes a los personajes en continuo movimiento.

El tiempo verbal

El presente y el pretérito indefinido son verbos que indican acción contundente. El presente porque muestra a los personajes en el aquí y ahora. El pretérito indefinido porque muestra la acción terminada.

El imperfecto es un tiempo muy adecuado para la pausa. Podemos decir que Berta miraba por la ventana y observaba a los hijos de su vecino correteando en el jardín. En este momento, la acción se detiene. Berta podría mirar por la ventana durante horas, sin que sucediera nada relevante. Pero de pronto…

Berta miraba por la ventana y observaba a los hijos de su vecino correteando en el jardín. De pronto, un ruido la asustó. Dejó la taza de café sobre el fregadero, cogió el teléfono móvil y corrió a la entrada…

¿Lo ves? El ritmo de la narración se agiliza cuando aparece el pretérito indefinido.

Ahora te toca a ti. Practica estas técnicas y cuéntanos qué tal te ha ido. Si tienes dudas, ya sabes. Estamos aquí mismo…

Y sobre todo, no te cortes. Nos encanta recibir tus comentarios.

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