Cuando era joven sentía la imperiosa necesidad de escribir, pero no tenía una historia que mereciera ser contada (al menos, eso creía yo). En aquel momento, todavía no había comprendido que las historias viajan a nuestro lado. Nos siguen hasta la panadería, nos acompañan cuando entramos en el supermercado y nos acarician cuando contemplamos la lluvia desde la ventana. Solo hay que prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor, explorar las posibilidades que nos brindan nuestros sueños, las discusiones que mantienen los vecinos cuando, de madrugada, todavía permanecemos despiertos. La historia que quieres contar está muy cerca de ti; es posible que esté en tu interior. Cuando menos te lo esperes, surgirá una idea que irá cobrando fuerza. Dale tiempo. Date tiempo…

La inspiración, que no llega…

No lo dudes, llegará si te relajas. Mientras esa idea va tomando forma, lee historias conmovedoras y visualiza buen cine. Alimenta tu ser sensible, porque, a la sensibilidad, otros le llaman talento.

Practica la escritura automática

Es importante que lo hagas, porque te permitirá desarrollar la creatividad y evitarás bloqueos. El bloqueo, durante mucho tiempo, fue una constante en mi evolución como escritora. Me daba miedo no estar a la altura de lo que yo misma esperaba de mí. Tardé un tiempo en darme cuenta de que si no conseguía relajarme y disfrutar del proceso no lograría avanzar.

Atento a la composición de escenas

Practica, también, la composición de escenas. Es un ejercicio a todas luces fundamental. Imagina dos actores sobre un escenario. Piensa en un espacio y en un tiempo específicos y escribe sin censura qué fue lo que pasó. La escena es un compartimento estanco en el que puedes poner en práctica multitud de técnicas narrativas. ¡Hazlo! Y comprobarás que, cuando empieces a escribir tu novela, te bloquearás mucho menos.

Redacta la sinopsis

Antes de lo que esperas, esa historia maravillosa se concretará en tu mente. ¡Celébralo! Agarra un papel y redacta la sinopsis. Yo, es lo primero que hago. ¿Por qué? Por que si eres capaz de condensar el argumento de tu novela en tres párrafos es que tienes claro qué quieres contar y no solo eso: puedes transmitirlo.

Recuerda que la sinopsis no tiene que dejar gran cosa a la imaginación. Tiene que despertar el interés de un editor o agente, así que tiene que reflejar con claridad quién lo protagoniza, qué desafíos afronta y en qué medida conseguirá sus propósitos.

Imagínala

Es importante que, llegado este punto, visualices tu novela desde el inicio hasta el desenlace. Imagínala. Toma notas sobre los personajes que aparecen, sobre cómo se mueven sobre el escenario. Observa su forma de hablar, estudia su forma de ver el mundo. Presta atención a las reacciones que provocan en los demás.

Evita complicaciones

Si es tu primera novela, evita complicaciones. Arquitectura simple (esquema clásico) y narrador omnisciente: evitarás errores y bloqueos, y podrás centrarte en lo que realmente importa. Simple no significa anodino. Desde mi punto de vista, significa bello, limpio, directo.

El narrador omnisciente no tiene nada de malo. Diviértete construyendo su voz, de manera que cuente la historia desde su punto de vista como si se tratara de un personaje más. Y recuerda, sobre todo, que el narrador no eres tú.

Planifica el desarrollo argumental

Si has redactado la sinopsis, estás en condiciones de planificar el desarrollo argumental. Piensa en tu historia en términos de conflicto: el protagonista afronta un desafío. Todas sus acciones, desde el inicio hasta el desenlace, deben mostrar, sin desvíos, los esfuerzos que realiza para alcanzar sus metas.

Escribe por orden cronológico y de forma muy breve cada uno de los pasos que dará desde que sube al escenario hasta que lo abandone.

Recuerda que nada sucede por casualidad. Las acciones de tu protagonista deben provocar reacciones en los personajes que conforman su círculo de influencia y, también, deben tener consecuencias.

Pule tu herramienta de trabajo

No olvides nunca que tu historia resultará atractiva en la medida en que resulte, de algún modo, conmovedora. Cuida tu herramienta de trabajo, que es el lenguaje. Mima cada palabra, cada oración. Procura que el lector disfrute del relato que cuentas tanto como de la forma como lo cuentas. Si lo haces así, serás capaz de transmitir cualquier sensación, cualquier mensaje.

Componer una obra maravillosa está en tus manos. No está fuera de tu alcance: solo tienes que desearlo lo suficiente como para dedicarle el tiempo y el esfuerzo necesarios. Todos los que nos dedicamos a la escritura profesional así lo hemos hecho. Y tú, por supuesto, también lo conseguirás.

Qué tal esa historia, cómo lo ves… ¿Ahí andamos? Anda, tómate un café y cierra la ventana, que hace frío…